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El antiintelectualismo kantiano con respecto a la experiencia

Roberto Horácio de Sá Pereira·

Universidade Federal do Rio de Janeiro, Brasil

 

Resumen

Este artículo pretende ofrecer una visión alternativa tanto de la lectura conceptualista tradicional de Kant como de la nueva lectura no conceptualista. En contra de las lecturas conceptualistas tradicionales sostengo que confunden las condiciones para la representación sensible de los objetos (tesis de la intencionalidad) con las condiciones para el reconocimiento (Erkenntnis) de que representamos objetos mediante intuiciones sensibles (tesis del reconocimiento). En contra de las lecturas no conceptualistas sostengo que no distinguen el no conceptualismo -propio de la filosofía contemporánea de la mente- de las tesis antiintelectualistas de Kant. Tales lecturas fracasan porque se equivocan al atribuir un contenido representacional a las intuiciones sensibles de Kant. Las intuiciones sensibles, según Kant, no presentan el mundo según ciertas condiciones de satisfacción que podrían o no ser satisfechas por el mundo. Por lo tanto, no son ni verídicas ni non verídicas. Se limitan a presentar el mundo de una manera directa, independiente de los conceptos, lo que llamaré aquí la presentación de re de los objetos. En mi lectura, la oposición entre intuiciones y conceptos es la oposición entre la presentación de re de um objeto y el reconocimento proposicional de dicto de que representamos algo como um objeto.

Palabras clave

conceptualismo; no conceptualismo; antiintelectualismo.

Abstract

This article intends to offer an alternative view of both Kant's traditional conceptualist and of the new conceptualist readings. Against traditional conceptualist readings I maintain that they mistake the conditions for the sensible representation of objects with the conditions for the recognition (Erkenntnis) that we do represent objects through sensible intuitions. By constrast, the new nonconceptualist readings fail because they attribute contents to Kant's sensible intuitions.

Keywords

conceptualism; nonconceptualism; anti-intellectualism.

1 Prolegomena

Al principio del reciente debate contemporáneo sobre el contenido no conceptual de la percepción de los sentidos, a menudo se consideraba que Kant defendía el lado de los conceptualistas. Mientras que los no conceptualistas ven el supuesto “modelo kantiano de la experiencia” como el mayor desafío para cualquiera que afirme que la percepción de los sentidos posee un contenido no conceptual (Gunther, 2003: 23), los conceptualistas como McDowell atacan el no conceptualismo, refiriéndose a la supuesta “visión kantiana” de que las capacidades conceptuales son supuestamente necesarias “para hacer inteligible que la experiencia no es ciega” (1994: 60). Sin embargo, ambos lados de la controversia parecen estar de acuerdo en que Kant fue el fundador de lo conceptualismo. Al principio de la controversia, el pasaje fundamental fue el famoso adagio de Kant de que, sin pensamientos o conceptos, las intuiciones sensibles son ciegas (A51/B75). Como dice Gunther de forma emblemática:

En su lema: ‘los pensamientos sin intuiciones son vacíos, las intuiciones sin conceptos son ciegas’, Kant resume la doctrina del conceptualismo. [...] Según el conceptualismo, ningún contenido intencional, por portentoso o mundano que sea, es un contenido si no está estructurado por conceptos que el portador posee. (Gunther, 2003: 1, mi traduction)

Sin embargo, desde la aparición de una serie de perspicaces artículos y libros de Hanna (2005; 2006; 2008) y Allais (2009; 2010; 2012), ha comenzado una nueva tendencia en la interpretation de Kant. Hanna (2005; 2006; 2008), Allais (2009; 2010; 2012), McLear (2011) y Tolley (2012) han reunido una abrumadora evidencia textual y han logrado construir un caso sólido, si no a favor del no conceptualismo, ciertamente a favor de una lectura anti-intelectualista abotargada de la Primera Crítica. Sin embargo, la corriente principal de los especialistas (Allison, 2004; 2015; Longuenesse, 1998) nunca ha tomado en serio esta nueva tendencia. Algunas excepciones dignas de mención son Gomes (2014) y Griffith (2012).

Lo que pretendo aquí es abrir un nuevo frente de batalla en este reciente debate. Aunque estoy del lado de los lectores antiintelectualistas de Kant, estoy lejos de estar convencido de que la distinción kantiana entre intuición sensible y conceptos corresponde a “la distinción contemporánea entre cogniciones no conceptuales y su contenido, y cogniciones conceptuales y su contenido, es esencialmente la misma que la distinción de Kant entre intuiciones y conceptos” (Hanna, 2006: 85). Tengo al menos dos razones para ello. En primer lugar, los lectores no conceptualistas, como Hanna y Allais, están haciendo coincidir afirmaciones antiintelectualistas conectadas pero diferentes. En segundo lugar, y más importante, Kant nunca ha tomado la intuición sensible como una representación con un contenido representacional propio que pueda ser verídico o non verídico (independientemente de los juicios) de manera similar a como el contenido de las actitudes proposicionales es verdadero o falso.

Este artículo pretende ofrecer una visión alternativa tanto a la lectura conceptualista tradicional de Kant como a la nueva lectura no conceptualista. En contra de las lecturas conceptualistas tradicionales sostengo que confunden las condiciones para la representación sensible de los objetos (tesis de la intencionalidad) con las condiciones para el reconocimiento (Erkenntnis) de que representamos los objetos mediante intuiciones sensibles (tesis del reconocimiento). En contra de las lecturas no conceptualistas sostengo que no distinguen el no conceptualismo - propio de la filosofía contemporánea de la mente - de las tesis antiintelectualistas de Kant. Las intuiciones sensibles, según Kant, no presentan el mundo según ciertas condiciones de satisfacción que podrían o no ser satisfechas por el mundo. Se limitan a presentar el mundo de una manera directa, independiente de los conceptos, lo que llamaré aquí la presentación de re de los objetos. En mi lectura, la oposición entre intuiciones y conceptos es la oposición entre la intuition objetiva de re de um objto y la reconocimento proposicional de dicto de que representamos algo como um objeto.

Este artículo está diseñado en las siguientes secciones. La segunda (a contar después de esta introducción) es una breve sección dedicada a describir el estado actual del debate (el estado del arte). Allí presento los pasajes de Kant que plantean el debate entre las lecturas conceptualistas y no conceptualistas. En esta sección también presento el principal malentendido de las lecturas intelectualistas, a saber, confundir las condiciones para reconocer que nos representamos algo como un objeto en la intuición sensible (tesis del reconocimiento) con las supuestas condiciones para la representación de objetos en la intuición (tesis de la intencionalidad)

La tercera sección está dedicada a distinguir las distintas afirmaciones antiintelectualistas que se reúnen sin más bajo el amplio paraguas del “no conceptualismo”. En esta sección, comienzo mi crítica a la lectura no conceptualista de Kant. En la cuarta sección prosigo con mi crítica a las lecturas no conceptualistas y comienzo a esbozar mi lectura alternativa de la intuición como una relación libre de contenido, aunque independiente del concepto. En la quinta y última sección desarrollo en detalle y defiendo mi lectura alternativa de las intuiciones sensibles en Kant.

2 El estado actual del Arte

La manzana de la discordia en el debate actual sobre el contenido no conceptual de la percepción de los sentidos ya no es el adagio kantiano de A51/B75, sino el núcleo de la Deducción en el que Kant describe por qué tal Deducción es inevitable:

En efecto, los objetos pueden aparecérsenos sin que tengan que estar necesariamente relacionados con funciones del entendimiento. (A89/B122. Énfasis añadido)

Después de todo, las apariencias podrían estar constituidas de tal manera que el entendimiento no las encontraría de acuerdo con las condiciones de su unidad.... [y] en la sucesión de las apariencias no se ofrecería nada que proporcionara una regla de síntesis y correspondiera así al concepto de causa y efecto, de modo que este concepto sería totalmente vacío, nugatorio y sin significado. No obstante, las apariencias ofrecerían objetos a nuestra intuición, pues la intuición no requiere en absoluto la función del pensamiento. (A90-1/B122-3. Énfasis añadido.)

Según la lectura conceptualista, Kant está sugiriendo una mera posibilidad epistémica que será eliminada más tarde como una posibilidad metafísica irreal (Gomes, 2014: 6; Griffith, 2012: 195; Grüne, 2011). En la misma línea, siguiendo a Henrich (1982), Allison (2004: 160) sugiere que Kant está aquí evocando un “espectro” a exorcizar al final de la Deducción. Reitera la misma lectura en su libro reciente:

Me refiero a esta posibilidad como un espectro porque su realización daría lugar a un caos cognitivo, y sostengo que la Deducción Trascendental puede considerarse como el intento de Kant de exorcizarlo. Aunque este espectro puede recordar al famoso espectro cartesiano, es significativamente diferente de él. Mientras que este último está en el fondo de la preocupación por la falta de correspondencia entre nuestra experiencia y una realidad independiente de la mente, el espectro kantiano se refiere al ajuste entre dos especies de representación en el espectro kantiano el problema es que nada sería reconocible y nuestra experiencia no sería más que lo que William James se refirió célebremente como "una gran confusión retumbante y bulliciosa". (Allison, 2015: 54, Énfasis añadido. Mi traducción).

En cambio, los antiintelectualistas han tomado A90-1/B122-3 como una de las mejores pruebas textuales del no conceptualismo (antiintelectualismo) kantiano. Asumimos que Kant estaba aludiendo a un hecho metafísico real o, como yo prefiero decir, a un hecho empírico de la cognición humana y animal, en lugar de una mera posibilidad epistémica que debe descartarse al final de la Deducción B. Hanna, por ejemplo, lee el pasaje (correctamente, según mi juicio) como la afirmación kantiana de lo que Hanna llama Prioridad al Pensamiento:

Prioridad al pensamiento. Kant dice que "la representación que puede darse antes de todo pensamiento se llama intuición" (B132), y todos los pensamientos involucran esencialmente conceptos, por lo que las intuiciones pueden darse antes de todos los conceptos. Además, está claro que esta prioridad de la intuición sobre el pensamiento es tanto cognitiva como semántica. Así, un acto de intuición puede ocurrir sin ningún acto correspondiente de conceptualización, y también una intuición puede ser objetivamente válida independientemente de cualquier concepto". (Hanna, 2006: 102, mi traduction)

Comentando el mismo pasaje, Allais añade:

Una evidencia textual prima facie contra la afirmación mcdowelliana de que la intuición no hace una contribución ni siquiera nocionalmente separable a la cognición es proporcionada por los pasajes A89/B122) en los que Kant simplemente afirma que la intuición hace una contribución representacional independiente. (Allais, 2009: 387, mi traduction)

Entonces, ¿cómo resolver la disputa? Mirando de cerca lo que dice Kant en la controvertida nota a pie de página del § 26:

El espacio, representado como objeto (como se requiere realmente en la geometría), contiene algo más que la mera forma de la intuición, a saber, la comprensión del múltiple dada de acuerdo con la forma de la sensibilidad en una representación intuitiva, de modo que la forma de la intuición sólo da el múltiple, pero la intuición formal da la unidad de la representación. En la Estética atribuí esta unidad meramente a la sensibilidad, sólo para hacer notar que precede a todos los conceptos, aunque ciertamente presupone una síntesis, que no pertenece a los sentidos, pero a través de la cual se hacen posibles primero todos los conceptos de espacio y tiempo. Pues puesto que a través de él (como el entendimiento determina la sensibilidad) el espacio o el tiempo se dan primero como intuiciones, la unidad de esta intuición a priori pertenece al espacio y al tiempo, y no al concepto del entendimiento (§ 24). (B160n. Énfasis original)

Kant no está diciendo aquí que las categorías sean condiciones para lo que aparece o condiciones para representar lo que aparece (llamemos a esto la tesis de la intencionalidad). Lo que dice es que las categorías son condiciones para reconocer (erkennen) lo que aparece como objeto (en el caso que nos ocupa, para representar el propio espacio como objeto). En otras palabras, las categorías son condiciones para reconocer (erkennen) lo que aparece en el espacio y el espacio mismo como cosas independientes de la mente. La moraleja que hay que extraer es así de simple: Los lectores conceptualistas están confundiendo las condiciones de la intencionalidad con las de lo reconocimento da objetividad.

Sin embargo, la mejor evidencia que demuestra que Kant quiso decir sus declaraciones en A89/B122 y A90-1/B122-3 como sugiriendo una posibilidad metafísica real es su Estética Trascendental. ¿Cómo podría Kant afirmar allí que el espacio y el tiempo no son conceptos discursivos, sino intuiciones puras, si no creyera realmente que los objetos (e el spacio) pueden aparecer sin tener que estar necesariamente relacionados con funciones del entendimiento?

Los lectores conceptualistas suelen apelar a la nota a pie de página de B161, donde Kant parece argumentar que la unidad del espacio (lo que allí llama „intuición formal“ depende de las categorías). Pero ¿cuál es el precio a pagar si no distinguimos la „intuición pura“ de la Estética de la „intuición formal“ de la Deducción B? Longuenesse (1998) es el único lector conceptualista/intelectualista coherente a este respecto. Ella ve claramente que si admitimos la imposibilidad de intuiciones puras sin categorías, debemos reescribir la Estética Trascendental (1998: 216). La cuestión es por qué Kant no hizo él mismo esta relectura en la edición B.

3 Las lecturas no conceptualistas de Kant

Según su definición estándar, el conceptualismo es la afirmación de que los estados mentales sólo poseen un contenido representacional cuando el sujeto de los mismos posee los conceptos requeridos para especificar canónicamente el contenido putativo que el estado mental está representando (Bermúdez, 1998). Por el contrario, según su definición estándar, el no conceptualismo es la afirmación opuesta de que el estado mental de una criatura puede tener contenido incluso cuando carece de los conceptos necesarios para especificar lo que está representando.

Una distinción importante en el debate contemporáneo que es relevante para mi discusión de Kant es la distinción entre el no conceptualismo de "estado" y de "contenido" (Heck, 2000). Según el no conceptualismo de contenido, el contenido de los contenidos conceptuales está compuesto por conceptos, mientras que el contenido no conceptual es fundamentalmente diferente en el sentido negativo de no estar estructurado conceptualmente. Por lo tanto, no se puede representar el mismo contenido conceptualmente y no conceptualmente. En cambio, según el llamado no conceptualismo de estados, se puede representar el mismo contenido conceptualmente y no conceptualmente porque lo que importa no es el contenido sino cómo se representa el contenido por ambos estados. Un estado es no conceptual cuando el sujeto en ese estado no necesita poseer los conceptos necesarios para especificar lo que el estado representa.

Esta oposición entre el no conceptualismo de estado y el de contenido puede remontarse a las diferentes visiones principales del contenido representacional de la experiencia. Los inconceptualistas de contenido son neofregeanos: Bermúdez, Peacocke, Burge, etc. Los no conceptualistas de estado, en cambio, son neo russellianos: Tye, Dretske, etc. Sin embargo, como reconoce el propio Heck, la principal motivación para introducir la propia noción de contenido no conceptual fue diferenciar los estados perceptivos de los estados cognitivos (Heck, 2000: 2). En la misma línea, Crane se queja: "el propósito de introducir la noción de contenido no conceptual es identificar tal forma de representación, que es de alguna manera más primitiva, más básica que la creencia" (Crane, 2009: 466). Asumir que el contenido representacional de la intuición sensible es no-conceptual es sólo asumir que el sujeto está en un estado mental (intuición sensible), y no le proporciona los conceptos necesarios para especificar canónicamente lo que esa intuición representa.

En una extensa serie de artículos y libros en 2005, 2006 y 2008, Hanna, el ingenioso pionero de la lectura anticonceptualista de Kant, reúne una gran cantidad de pruebas textuales, si no en apoyo de la lectura anticonceptualista de Kant, ciertamente en apoyo de una lectura anticonceptualista. Allais (2009; 2010; 2012) presenta un caso muy convincente a favor de la lectura anticonceptual de la visión kantiana sobre el espacio (2009). Inspirado por Burge (2010), McLear (2011) también ha proporcionado un sólido argumento a favor de la afirmación de Kant sobre la independencia de la percepción de los conceptos por parte de los animales. Hay abundante evidencia textual que apoya la lectura de McLear. Tolley (2012) ofrece una interesante lectura de la intuición sensible kantiana como un sentido (Sinn) fregeano Sinn o modo de presentación de los objetos (Art des Gegebenseins).

Sin embargo, la pregunta es si esas enormes cantidades de evidencia textual realmente apoyan la lectura no conceptualista de la intuición sensible kantiana. Para empezar, veo con reserva la apelación común a la independencia de la intuición sensible de los juicios y pensamientos como apoyo a la lectura no conceptualista, lo que Hanna llama la afirmación de la prioridad del pensamiento (2006: 102). Ciertamente, Kant ha afirmado que las intuiciones sensibles son independientes de los juicios (A90-1/B122-3). Además, define los conceptos como predicados de juicios posibles. Aun así, el conceptualismo no es lo que yo llamo aquí “Predicativismo”, a falta de un nombre mejor. El predicativismo es una afirmación que se remonta a Reid (2002), y según ella, ver o percibir a como F es lo mismo que juzgar o pensar que a es F. Sin duda, el antipredicativismo es una forma de antiintelectualismo. Sin embargo, el conceptualismo no implica el predicativismo. MacDowell (1994) es el mejor contraejemplo que conozco. Es sin duda el más notorio defensor del conceptualismo en la actualidad, y rechaza el Predicativismo. Según McDowell, la percepción conceptual de un ser F no es el juicio de que a es F. Por tanto, mostrar que la intuición kantiana es antipredicativa no es todavía probar que la intuición kantiana tiene un contenido no conceptual.

Dado esto, parece más fácil acomodar la Prioridad al Pensamiento de Hanna como la afirmación kantiana de que las intuiciones sensibles son antipredicativas, en lugar de la afirmación de que las intuiciones sensibles poseen un contenido no conceptual. Por lo tanto, al afirmar que “la representación que puede darse antes de todo pensamiento se llama intuición” (B132), Kant está diciendo justamente que para ver un ser F, no necesito juzgar o pensar que a es F. Pero al menos si la lectura de McDowell y Sellars de la intuición kantiana sigue siendo válida, no puedo ver un ser F sin conceptos y creencias.

La afirmación de la prioridad del pensamiento motiva otro malentendido: la frecuente identificación del no-conceptualismo con el no-proposicionalismo. De hecho, para los neofregeanos (Burge, Peacocke, Bermúdez), esas doctrinas son una y la misma: los contenidos no conceptuales son contenidos que no están estructurados o compuestos por conceptos. Es el llamado no-conceptualismo de contenidos. Sin embargo, como hemos visto más arriba, el no-conceptualismo es una noción introducida para diferenciar los estados mentales (epistémicos de los no-epistémicos) más que una distinción sobre los contenidos mismos. Dado que para Kant los conceptos no son más que predicados de juicios posibles, parece más fácil acomodar la afirmación de la Prioridad al Pensamiento como la oposición entre el conocimiento objetual y el proposicional en lugar de la oposición entre los contenidos no conceptuales y los conceptuales.

Además, la afirmación de la prioridad del pensamiento motiva otro malentendido del no-conceptualismo: la asimilación del no-conceptualismo al conocimiento russelliano por conocimiento. Esta asimilación es insostenible por varias razones. En primer lugar, Russell es el padre fundador de la visión relacional de la experiencia a principios del siglo XX. Para él, el conocimiento por contato (acquaintance) carece de contenido que pueda ser verdadero o falso. Sólo el conocimiento por descripción tiene contenido. Por eso restringió el conocimiento por contato a los datos de los sentidos y negó rotundamente la posibilidad de conocer los cuerpos.

Sin embargo, aunque dejemos de lado el peculiar punto de vista de Russell, la oposición de Russell entre el conocimiento objetual y el conocimiento proposicional no es la misma que la oposición contemporánea entre contenidos no conceptuales y conceptuales. Lo que está en juego para Russell no es una clasificación de representaciones, sino la clasificación de tipos de cogniciones. Curiosamente, cuando tenemos en cuenta que la oposición crucial de Kant se describe también como la oposición entre Kenntnis y Erkenntnis, parece más fácil acomodar la afirmación de la Prioridad al Pensamiento como la oposición entre el conocimiento objetual por contato (by acquaintance) y el proposicional (knowledge of truths) en lugar de la oposición entre contenidos no conceptuales y conceptuales.

La mejor evidencia textual para la idea de que lo que Kant tenía en mente era la oposición entre conocimiento objetual por contato y proposicional (en lugar de la oposición entre contenidos no conceptuales y conceptuales) proviene de un opúsculo del período pre-crítico de la carrera de Kant (FSS):

Yo iría aún más lejos y diría: una cosa es diferenciar (unterscheiden) las cosas entre sí, y otra muy distinta es reconocer la diferencia entre ellas (den Unterschied der Dinge zu erkennen). Esto último sólo es posible por medio de juicios y no puede ocurrir en el caso de los animales, que no están dotados de razón. La siguiente división puede ser de gran utilidad. Diferenciar lógicamente significa reconocer que (erkennen dass) una cosa A no es B; es siempre un juicio negativo. Diferenciar físicamente (physisch unterscheiden) significa ser impulsado a diferentes acciones por diferentes representaciones. El perro diferencia el asado del pan, y lo hace porque el modo en que le afecta el asado es diferente del modo en que le afecta el pan (pues cosas diferentes provocan sensaciones diferentes)." (FSS., § 6, AA, 2: 60: 104)

El contraste de Kant puede formularse en los términos del contraste que Dretske establece entre la visión no epistémica y la epistémica. El perro ve (kennt) las cosas, el asado y el pan, en la medida en que es capaz de discriminarlas físicamente (visión no epistémica), pero se ve impulsado a realizar acciones diferentes por las distintas sensaciones que le provocan. Sin embargo, no ve (erkennen) que el asado no es un pan o que el pan no es un asado (ver epistémico) en las llamadas proposiciones categóricas. La capacidad de conocer cosas por contato (kennen, noscere) no implica la capacidad de saber (erkennen, dass) que algo es así (la verdad de las proposiciones), y viceversa. Puedo conocer París por contato sin saber, por ejemplo, que la Revolución Francesa tuvo lugar en Paris. Es más, puedo saber verdades sobre París sin conocerla por contato. La idea de Kant y Russell es que sin el conocimiento por conocimiento (kennen), no sería posible ningún conocimiento genuino del mundo externo. Por tanto, la ceguera de las intuiciones sin conceptos bien podría entenderse como una falta de conocimiento proposicional: conocemos una cosa sin saber ninguna verdad sobre ella.

También tengo reservas sobre la habitual apelación a la definición descriptivista kantiana de los conceptos como representatio per notas comunis, en oposición a la intuición sensible como representaciones inmediatas y singulares. Esto también motiva otro malentendido del no conceptualismo: la asimilación del no conceptualismo a lo que yo llamo un referencialismo mental. Sin duda, el referencialismo mental (referencia mental directa) es otra forma de antiintelectualismo. Sin embargo, el descriptivismo mental no es lo mismo que el conceptualismo del mismo modo que el referencialismo mental no es lo mismo que el no conceptualismo. En primer lugar, no todos los conceptualistas son descriptivistas, y McDowell (1994) es, una vez más, un claro contraejemplo. Sus conceptos de tipo demostrativo se refieren inmediatamente en el sentido relevante que determina la referencia independientemente de la satisfacción de las características (Merkmale) contenidas en cualquier representación de tipo descriptivo. En segundo lugar, no todos los conceptos son generales. También poseemos conceptos singulares.

Ahora bien, si tomamos la definición kantiana de los conceptos como representaciones de tipo descriptivo, parece más fácil acomodar la afirmación de la prioridad del concepto como la oposición entre la percepción de re y la apercepción de dicto, en lugar de la oposición entre los contenidos no conceptuales y los conceptuales. Sin duda, las actitudes de re son una forma más de antiintelectualismo. Sin embargo, mientras que el no conceptualismo es una afirmación sobre una distinción clave entre estados o representaciones mentales, las actitudes de re son una afirmación sobre cómo se determina una referencia. Según Burge (1977), en un estado mental de re, la referencia es directa y no está determinada por conceptos. Sin embargo, un estado mental de re puede ser un pensamiento complejo compuesto por conceptos. En la misma línea, Bach afirma que las representaciones de re son aquellas cuya referencia está determinada relacionalmente en lugar de satisfaccionalmente (1987: 12).

Podría resumir mi desacuerdo con los lectores no conceptuales de Kant en los siguientes términos. Para la nueva corriente anti-intelectualista, el no conceptualismo es un término paraguas que abarca todo tipo de afirmaciones anti-intelectualistas que han surgido en diferentes grados en diferentes momentos de la historia de la filosofía occidental. Primero surgió con los empiristas británicos, como lo que Hanna llama una "versión superdébil del no conceptualismo: un puro no conceptualismo sensacionalista" (Hanna, 2006: 87). Luego surgió con Kant, y después con Russell, Evans, Dretske, etc. Mi punto de vista es diferente. En mi opinión, el no conceptualismo es una tesis contemporánea muy específica que tuvo varios precursores antiintelectualistas; el más importante en el pasado remoto fue sin duda el sugerido por Kant con su visión de las intuiciones sensibles.

4 La intuición de Kant como una relation sin contenido

Sin embargo, mi principal preocupación es el putativo representacionalismo kantiano (punto de vista del contenido). Hanna describe claramente a Kant como un representacionalista (con una visión de contenido):

El hecho central de la mente es su capacidad de representar (vorstellen), es decir, que la mente "antepone algo a sí misma", y este algo es lo que Kant llama "contenido" Inhalt (A6/B9), es decir, Bedeutung del estado representacional (A239-40/B298-9). (. . . ) Más precisamente, sin embargo, para Kant la forma de una representación consciente es lo que, a falta de un nombre mejor, llamaré su carácter representacional. (Hanna, 2006: 95, mi traducción)

Mientras que Hanna parece respaldar una lectura no conceptualista del contenido de Kant, Allais respalda claramente una lectura no conceptualista del estado:

Lo que me interesa aquí es argumentar a favor de la atribución a Kant de lo que Speaks llama contenido no conceptual "relativo", en contraposición a lo "absoluto". La idea es que sólo este último afirma que la percepción y la creencia tienen una estructura intrínsecamente diferente; el primero se limita a afirmar que un sujeto puede tener una representación perceptiva con un determinado contenido sin poseer ella misma conceptos relevantes para describir ese contenido. (Allais, 2009: 386, mi traducción)

Sea como fuere, independientemente de si uno respalda el no conceptualismo de estado o de contenido (Heck, 2000), una cosa es segura: sólo tiene sentido hablar de no conceptualismo para aquellos que respaldan la llamada visión del contenido de la experiencia (o representacionalismo).

El principio central del representacionalismo (también conocido como el punto de vista del contenido) es la afirmación de que las experiencias tienen un contenido que puede ser verídico o falso de forma similar a como las actitudes proposicionales tienen un contenido proposicional que puede ser verdadero o falso. En las famosas palabras de Dretske, según el representacionalismo, todos los hechos mentales son hechos representacionales (no sólo las llamadas actitudes proposicionales). La mente es la interfaz representacional del cerebro. Cómo debe entenderse este contenido es una cuestión abierta.

Por el contrario, según el relacionalista, la percepción sólo sirve para ponernos en contacto directo con el mundo. La percepción no posee ningún contenido propio. La idea aquí es tomar la percepción etimológicamente como un verbo factivo: no hay percepción (ver, oír, tocar, intuir, etc.) cuando no hay un objeto que se vea o se toque. Esto lleva al relacionalismo a abrazar con fuerza el disyuntivismo. Aunque las alucinaciones y las experiencias puedan ser fenomenológicamente idénticas, las alucinaciones no son experiencias. Versiones de este punto de vista fueron populares entre los realistas de Oxford de principios del siglo XX, como Russell (1912), pero el trabajo reciente de Campbell (2002), Travis (2004), Johnston (2004; 2006), Brewer (2006), Fish (2009) y Martin (2002; 2004) ha vuelto a poner en discusión el punto de vista relacional. Martin (2002; 2004) llama a su posición “realismo ingenuo”, mientras que Brewer (2006) llama a la suya “visión objetual”. Yo prefiero la etiqueta de Campbell (2002): la “visión relacional”.

Como representacionista comprometido, no tengo nada que decir en contra del "carácter representacional de la representación consciente", como dice Hanna (2006: 95). También estoy totalmente de acuerdo con él y con Allais, en que si Kant es un representacionalista y si respaldamos una lectura epistémica del Idealismo Trascendental de Kant, también debemos ser “realistas perceptivos directos”: no hay entidades intermediarias entre la mente y el mundo, ni ideas cartesianas, ni impresiones sensoriales humeanas, ni datos sensoriales de Russell, etc.

Sin embargo, como lector kantiano, tengo mis reservas. Y éstas son la principal pretensión de este breve trabajo. Si dejamos de lado el Idealismo Trascendental de Kant en su versión fenomenista, los escritos kantianos ofrecen una evidencia abrumadora de que la posición de Kant está más cerca del relacionalismo que del representacionalismo. La primera evidencia textual es la siguiente. Como reconoce Hanna (2006: 102), las intuiciones sensibles kantianas son dependientes del objeto en el sentido relevante de que no hay “Vorstellung” cuando no hay objeto. Allais (2009: 389) también apela a la misma caracterización. En palabras del propio Kant, “nuestro modo de intuición depende de la existencia del objeto” (B72). Hanna suele llamar a esto “percepción verídica” en oposición a las “ilusiones no verídicas”:

Las ilusiones no verídicas son representaciones fenoménicas sin ningún objeto existente, y pueden variar radicalmente en contenido de un contexto a otro y de un perceptor a otro. Por el contrario, las ilusiones verídicas -por ejemplo, el palo recto en el agua que parece estar doblado- implican la existencia real del objeto percibido, y la forma en que las representamos sigue siendo esencialmente la misma en todos los contextos y percibidores. También Kant sostiene que los perceptores pueden estar en comunidad dinámica no epistémica y no conceptual con los objetos de la ilusión verídica (2006: 77 y ss.).

Como se menciona en el n. 7, utilizo el término ‘percepción verídica’ de forma precisa para referirme a la percepción sensorial que requiere la existencia real del objeto percibido, pero no necesariamente una representación exacta del mismo. Por ejemplo, veo de forma inexacta y, por tanto, incorrecta, pero aún así verídica, esa rosa real como un tulipán. Por el contrario, utilizo el término ‘percepción correcta’ de una forma igualmente precisa para referirme a la percepción sensorial que requiere tanto la existencia real de su objeto como una representación exacta del mismo. Por ejemplo, veo con precisión y, por tanto, correctamente, esa rosa real como una rosa. La percepción correcta implica la percepción verídica, pero no lo contrario (2006: 45 y ss. mi traduction).

Sin embargo, si todas las intuiciones sensibles deben ser verídicas en el sentido de que el objeto debe existir (Object-Dependency, CRP B72), de lo contrario no hay representación de un estado mental, los estados mentales no verídicos no pueden ser intuiciones sensibles o “representaciones fenoménicas”. Además, no tiene mucho sentido hablar de “ilusión no verídica” porque en los casos no verídicos no hay, en primer lugar, ningún contenido falso. Todo conspira a la conclusión de que la intuición kantiana no tiene contenido.

Además, para los relacionalistas, Kant en B72 parece tomar los verbos que expresan experiencias como factivos: no puede haber un ver o intuir, a menos que el objeto visto exista; no puede haber un percibir, a menos que el objeto percibido exista (igualmente con todos los verbos de percepción y con recordar también). De hecho, si tomamos la "Vor-stellung" de Kant etimológicamente, como ha hecho Hanna en su libro (2006: 113), la sospecha relacionalista aumenta porque no puede haber una Vorstellung cuando no hay nada ante la mente. Así, etimológicamente, los estados sensoriales que no nos sitúan ante nada no son en realidad Vorstellungen en sentido propio, sino sólo alucinaciones o imaginaciones. Ahora bien, en estos términos, Kant no es realmente un representacionalista, sino más bien un relacionalista y un disyuntivista.

Sin embargo, se podría intentar sortear la sospecha relacionalista, alegando que Kant nunca fue riguroso con sus términos técnicos. Si la intuición sensible requiere realmente la existencia del objeto afectante (B72), nunca podría hablar de “intuiciones en mí” (BXXXIX, nota a pie de página). Del mismo modo, si Vorstellung debe entenderse etimológicamente, como poner algo ante la mente, Kant nunca podría hablar de “meras representaciones (blosse Vorstellungen)” como simples estados mentales desprovistos de cualquier referencia objetiva conocida (B275), o definir las representaciones como el “fundamento de la determinación de mi existencia que puede encontrarse en mí” (BXXXIX, nota a pie de página).

La segunda evidencia textual a favor de la lectura relacionista de Kant es ineludible. Kant, tanto en la Primera Crítica como en la Antropología, afirma enfáticamente que la sensibilidad per se nunca se equivoca. En la Primera Crítica, Kant lo expresa así:

La verdad y la ilusión no están en el objeto, en la medida en que se intuye, sino en el juicio sobre él en la medida en que se piensa. Por eso se dice correctamente que los sentidos no se equivocan; pero no porque juzguen siempre correctamente, sino porque no juzgan en absoluto. De ahí que tanto la verdad como el error, y por lo tanto también la ilusión, que conduce a este último, sólo se encuentran en los juicios, es decir, sólo en las relaciones del objeto con nuestro entendimiento. (A294/B50)

Exactamente la misma línea de razonamiento se encuentra en la Antropología:

Los sentidos no engañan. Esta proposición es el rechazo del más importante, pero también, tras una cuidadosa consideración, el más vacío reproche hecho a los sentidos; no porque siempre juzguen correctamente, sino porque no juzgan en absoluto. El error es, pues, una carga sólo para el entendimiento. Sin embargo, las apariencias sensoriales (species, apparentia) sirven para excusar, si no exactamente para justificar, la subestimación. Así, el ser humano confunde a menudo lo que es subjetivo en su modo de representación con lo objetivo (la torre lejana, en la que no ve esquinas, parece ser redonda; el mar, cuya parte lejana golpea sus ojos a través de rayos de luz más altos, parece ser más alto que la orilla (altum mare); la luna llena, que ve ascender cerca del horizonte a través de un aire brumoso, parece estar más lejos, y también más grande, que cuando está en lo alto del cielo, aunque la capta desde el mismo ángulo visual). Y así se toma la apariencia por la experiencia; cayendo así en el error, pero es un error del entendimiento, no de los sentidos. (Anthr., § 11, AA, 7: 146; 258)

En otras palabras, el error sólo se produce cuando el entendimiento, bajo la inflexión inadvertida de la facultad de la intuición sensible, confunde lo que subjetivamente aparece a nuestros sentidos como el modo real en que son las cosas. Por lo tanto, no hay lugar para las ilusiones en la visión de Kant sobre la intuición. Por eso Kant llama al objeto de las intuiciones “Erscheinungen” en contraposición a las apariencias (Schein). Por lo tanto, no son nuestros sentidos los que nos engañan (betrügen), sino nuestra capacidad de juzgar (Urteilskraft), al tomar como real lo que aparece a los sentidos cuando no es así.

Ahora bien, si esto es correcto, entonces el representacionalismo nunca pasó por la mente de Kant: las intuiciones sensibles no poseen un contenido representacional propio que pueda ser verídico o falso, independiente del contenido del juicio. En mi opinión, el representacionalismo es en realidad una doctrina muy reciente. Cuando leemos a los clásicos, vemos que siempre hablan de ideas, intuiciones, percepciones, etc., pero nunca parecen atribuir la posibilidad de error a la sensibilidad. También para ellos la experiencia perceptiva es una relación. La única diferencia con los relacionalistas contemporáneos es que ellos conciben esa relación como indirecta o mediada, mientras que el relacionalista la concibe como directa. En este sentido, los relacionalistas contemporáneos están más cerca de la tradición que los representacionalistas. De hecho, incluso Dretske, en su obra seminal de 1969, al distinguir la visión no epistémica de la epistémica, no era todavía el representacionista en el que se convirtió en 1981:

l]a diferenciación visual, tal como estoy empleando esta frase, es un tipo de capacidad preintelectual, pre-discursiva, que posee una amplia variedad de seres [y es] una dotación que es en gran medida inmune a los caprichos de nuestra vida intelectual". (Dretske, 1969: 29, mi traducion)

En ese momento, Dretske vio que el ver no epistémico era una relación no conceptual con un objeto en lugar de una representación no conceptual. Sospecho que el representacionalismo nació con el artículo seminal de Harman (1990). Que yo sepa, fue el primero en afirmar claramente que la experiencia perceptiva tiene un contenido propio en comparación con el contenido proposicional.

5 La intuición como presentación sensible de re

Supongamos, en aras del argumento, que las intuiciones sensibles kantianas son realmente independientes de cualquier concepto. Yo mismo no tengo ninguna duda sobre tal independencia. Por lo tanto, en este sentido, estoy totalmente del lado de los lectores no conceptualistas de Kant. Sin embargo, la cuestión es que, aun así, no puede haber estados mentales con contenido no conceptual porque, en primer lugar, no poseen un contenido representacional propio.

Sin duda, Kant no es un no conceptualista tal y como entendemos hoy esa etiqueta: ni la intuición sensitiva ni la percepción poseen un contenido representacional propio. Para Kant no existe la percepción alucinatoria. Mi punto es el siguiente: nada cambia en el antiintelectualismo kantiano. Nada cambia sustancialmente si Kant es un relacionalista en lugar de un representacionalista. Si la intuición sensible kantiana no es un estado mental con un contenido no conceptual, está ciertamente en el vecindario antiintelectualista general. Por un lado, podemos seguir manteniendo que nuestra relación cognitiva fundamental con el mundo, la intuición sensible (Kenntnis), es directa y totalmente independiente de cualquier tipo de conceptos.

Dicho esto, McDowell y Sellars siguen equivocándose cuando afirman que las intuiciones sensibles kantianas son conceptos demostrativos. Uno no necesita el concepto de casa (ni siquiera el concepto demostrativo ESTO) para ver (como verbo factivo) una casa. Uno necesita conceptos para entender y conocer (cognición) lo que su intuición sensible pone ante su mente. Además, la corriente principal de la erudición kantiana (Longuenesse, Allison, etc.) sigue equivocada cuando afirma que sin categorías las intuiciones carecen de objetos: la intuición sensible pone los objetos ante nuestra mente independientemente de que entendamos lo que representan e independientemente de que sepamos que esas cosas ante nuestra mente son independientes de la mente. Las categorías son condiciones para representar lo que aparece como independiente de la mente (tesis de la objetividad), más que condiciones para representar lo que aparece (tesis intencional).

Recordemos los resultados de las otras secciones. En primer lugar, la afirmación kantiana de prioridad al pensamiento se entiende mejor como la afirmación kantiana de que las intuiciones sensibles son antipredicativas que como la afirmación de que las intuiciones sensibles poseen un contenido no conceptual. En segundo lugar, la misma Prioridad al Pensamiento también se entiende mejor como la oposición entre el conocimiento objetual y el propositivo en lugar de la oposición entre los contenidos no conceptuales y los conceptuales. Por último, la afirmación de Prioridad al Concepto se entiende mejor como la oposición entre la percepción de re y la apercepción de dicto en lugar de la oposición entre los contenidos no conceptuales y los conceptuales. La pregunta que queda es: ¿cómo debemos entender esa conciencia antipredicativa, objetual y de re?

Permítanme comenzar revisando algunas conocidas afirmaciones kantianas. “Representación” (Vorstellung; repraesentatio) es la palabra kantiana más importante para designar los estados mentales cuya función es ponernos en relación con algo. Cuando la representación se considera sólo como un estado mental (Modifikation des Gemüts) resultante de la afección de la mente (Afektion), se llama sensación. Sin embargo, cuando la representación se considera en su relación referencial con un objeto, se llama cognición (A320/B376). Hay dos tipos de cognición: la intuición y la conceptual. La conceptual (cognitio/Erkenntnis) es la representación de objetos que toma la forma de conocimiento proposicional (cognoscere). La cognición sensible es la representación de objetos que toma la forma de conocimiento por conocimiento (noscere).

Lo que Kant describe como representación singular es el estado mental que nos pone en relación directa con los objetos por medio del afecto (Afektion) o por medio del conocimiento. En cambio, el estado mental que se refiere a los objetos por medio de funciones (“la unidad de acción de ordenar diferentes representaciones bajo una común” A68/B93) es lo que Kant describe como representación general. Las representaciones generales se refieren a los objetos de forma indirecta, en el sentido de que la referencia está mediada por la referencia a otras representaciones (ya sea mediada por la referencia a otros conceptos o, en última instancia, mediada por la referencia a intuiciones sensibles). Es importante destacar que esto significa que las representaciones generales se refieren a un objeto sólo en la medida en que el sujeto reconoce que (erkennen dass) el objeto en cuestión cae bajo la extensión del concepto al cumplir una de las características (Merkmale) contenidas en la intención del concepto. Así es como Kant caracteriza las representaciones generales tanto como representaciones por medio de notas (Merkmale; repraesentatio per notes communes) y como pensamientos, o representaciones discursivas (JL., primera sección, §I, AA, 9: 91: 589).

Sin embargo, si las representaciones generales o comunes se refieren a un objeto sólo en la medida en que el sujeto piensa que el objeto cae bajo la extensión de un concepto, podemos cuestionar lo que significa representar o referirse a un objeto intuitivamente. Una primera aproximación sugiere que las representaciones singulares se refieren a los objetos inmediatamente en el sentido negativo de que su referencia es independiente de cualquier referencia conceptual a ellos. Esto es lo que Kant tiene en mente cuando dice “que la intuición se llama la representación que puede darse antes de todo pensamiento” (B132).

Pero, ¿qué significa decir que las representaciones singulares se refieren a los objetos de forma no inmediata? Hemos visto, en primer lugar, que la intuición sensible es la relación con los objetos de un modo que toma la forma de un conocimiento por conocimiento: es decir, un conocimiento que se basa en algún contacto directo con lo que aparece. También hemos visto que la representación singular se refiere a un objeto en la medida en que resulta de la afección (Afektion) de la mente por el objeto.

Aquí podemos apelar a la oposición de Russell entre conocimiento por contato (acquaitance) y conocimiento por descripción para aclarar cómo las representaciones singulares se refieren a sus objetos. El conocimiento por descripción es el conocimiento proposicional de verdades o hechos: es decir, el conocimiento de que algo es así. Un ser racional sabe (por descripción) que un asado no es un pan, y que un pan no es un asado (proposiciones categóricas). En cambio, el conocimiento por contato es un conocimiento objetual que se obtiene en virtud de que el sujeto es puesto por sus intuiciones sensibles en contacto directo con un objeto o, en términos kantianos, debido a que el objeto afecta a la mente sensible. Así, surge el siguiente cuadro. Las representaciones inmediatas singulares son estados mentales que se refieren de re a un objeto en el sentido crucial de que la referencia no es más que una relación directa de contacto cognitivo (Kenntnis; kennen). Por ejemplo, cuando veo una casa, mi intuición sensible me pone en contacto epistémico directo con lo que aparece en mi campo visual y afecta a mi sensibilidad.

Ahora bien, hay diferentes formas de entender la referencia de re en la literatura contemporánea. Según Bach, por ejemplo, los modos de presentación de re son tipos mentales cuyas fichas determinan un referente diferente con respecto a un contexto (Bach, 1987: 12). Siguiendo este punto de vista, sería posible argumentar que las representaciones singulares poseen modos de presentación de re independientes del contexto. Están divididas en tipos por las sensaciones y formas que normalmente están conectadas con el tipo de objetos cuya presencia evidencian. Así, si el modo lingüístico de presentación de un demostrativo “esa casa” es igual al objeto destacado al que se refiere este demostrativo (esa casa en la distancia), el modo de re de presentación de los objetos de la representación singular puede conectarse al objeto que normalmente provoca esta sensación con esta forma.

Sin embargo, la manera de re de las presentaciones à la Bach no se ajusta bien a las caracterizaciones de las representaciones singulares que se entienden como intuiciones sensibles. Por un lado, para Kant, las intuiciones sensibles son dependientes del objeto. Esto significa que si para la representación sensible, en general, las representaciones singulares están divididas en tipos por sensaciones y formas, entonces para las intuiciones, específicamente, también están divididas en fichas por los propios objetos que presentan. Es en este sentido que Kant dice que “nuestro modo de intuición depende de la existencia del objeto” (B72).

Por lo tanto, para las intuiciones específicamente, las representaciones singulares tienen sentidos de re en la forma sugerida por McDowell (1991) después de Evans, en lugar de modos de presentación de re à la Bach. En oposición a los modos de presentación de re de la referencia à la Bach, la característica distintiva del sentido de re à la McDowell es su fuerte dependencia del objeto: no existiría si el objeto que representa no existiera (B72). Asimismo, para Kant, si el objeto putativo de una intuición sensible no existe, entonces no hay auténtica intuición sensible (Prol., §9, AA, 4: 282; 34). En este sentido, describo las intuiciones sensibles kantianas como modos de donación de objetos.

Mi propuesta es la siguiente. Aunque las intuiciones sensibles no pueden ser vistas como conceptos demostrativos a la manera de McDowell (1991), tampoco pueden ser vistas como estados mentales con contenido no conceptual a la manera de Hanna y Allais, porque no poseen un contenido de representación propio en primer lugar. Las intuiciones sensibles kantianas se entienden mejor como el modo de donación de los objetos y sus atributos. Así, decir que las intuiciones sensibles son ciegas sin conceptos es decir, como hace Russell, que sin conceptos la intuición sensible nos pone en contacto relacional directo con los objetos y propiedades, una forma de conocimiento ciego por conocimiento. Son percepciones de re de lo que aparece en contraposición a la apercepción de dicto de que algo es el caso.

Obras de Kant

Las referencias a las obras de Kant figuran en la edición de la Academia Alemana: Gesammelte Schriften, herausgegeben von der Königlich Preussischen Akademie der Wissenschaften, 29 vols. (Berlín: 1902-1983; 2ª ed., Berlín: De Gruyter, 1968, para los vols. I-IX). Se indican de la siguiente manera: abreviatura del título de la obra, seguida de Ak., volumen y página. En el caso de la Crítica de la razón pura, las referencias se acortan, de acuerdo con la práctica actual, a la paginación de la edición original indicada por A para la edición de 1781, y B para la edición de 1787.

Anthr: Anthropologie in pragmatischer Hinsicht, AA. 7 (1798). Antropología desde un punto de vista pragmático.

FSS: Die falsche Spitzfindigkeit der vier syllogistischen Figuren AA. 2 (1762). La falsa sutileza de las cuatro figuras silogísticas.

Lógica [Lógica de Jäsche],

Prol. Prolegómenos a cualquier metafísica futura que pueda venir como ciencia.

Todas las traducciones de Kant son mías.

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· Prof. de la Universidade General de Rio de Janeiro (Brasil). E-mail de contacto: robertohsp@gmail.com



DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.5776000

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