El papel de los sentimientos en la filosofía práctica kantiana

CON-TEXTOS KANTIANOS.

International Journal of Philosophy

N.o 8, Diciembre 2018, pp. 460-465

ISSN: 2386-7655

Doi: 10.5281/zenodo.2399569


El papel de los sentimientos en la filosofía práctica kantiana


The Role of Feeling in Kant’s Practical Philosophy


SILVIA DEL LUJÁN DI SANZA


Universidad de San Martín, Argentina


Reseña de: Nuria Sánchez Madrid, Elogio de la razón mundana. Antropología y política en Kant. (Con un prólogo de José Luis Villacañas y un epílogo de Pablo Oyarzun). Ediciones La Cebra, Buenos Aires, 2018, 300 pp. ISBN: 978-987-36-2152-9


Frente a la disyuntiva que nuestro tiempo le plantea al filosofar: pensar con el filósofo elegido y perseguir sus tesis con él más allá de él, en sus implicaciones y en sus consecuencias, o bien, comentarlo, el libro de Nuria Sánchez Madrid: Elogio de la razón mundana, elige el primero, el más difícil; levanta el guante de la pasión por el pensar y nos devuelve a la fuente misma del filosofar. ¿Qué es pensar filosóficamente a un autor, especialmente cuando la tendencia de la academia es a formar comentaristas eruditos, a veces pensantes a veces de oficio, pero, finalmente, homologados en la medida? Este libro nos habla de la insistencia del filosofar, abre cuidadosamente un espacio en el estudio de un filósofo de gran envergadura, como lo es Kant y, lo hace, en diálogo con la cultura amplia, literaria, artística e histórica, de su época y de la nuestra, y, así, pone de relieve otro camino para pensarlo, ese que aún no ha sido transitado y espera en la obra del filósofo, su desvelamiento. Es cierto que para ese desvelamiento se requiere talento natural, estudio serio y apasionado, eros y conatus. De esa alquimia nace este libro: “Nuestra mirada se carga de renovadas promesas cuando se dirige a aquellas zonas de la obra kantiana en las que podría reconstruirse un cierto elogio de la razón mundana, esto es, de un modelo de racionalidad sabedor de que las leyes de la teoría no pueden resultar



[Recibido: 21 de noviembre 2018

Aceptado: 29 de noviembre 2018]

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completamente extrañas a la práctica, si no pretenden suprimir toda posibilidad de reforma de lo que hay desde principios precisamente racionales” (p. 29).

Estos pocos renglones nos hablan de una decisión de interpretación que apunta a echar luz, directamente, al nudo de la obra de Kant: la complicidad entre la teoría y la praxis, ese diálogo de la razón con ella misma, sabiendo que está destinada al mundo, a configurar el mundo como mundo humano; y sobre todo nos hablan de una esperanza, que como lectores nos sentimos convocados a acompañar, la de que, tal vez, podamos avistar nuevas tierras, si intentamos un rumbo diferente.

Pensar a la razón en su constitución mundana en la obra de Kant, es pensar la antropología, la ética, el derecho, la política, la historia, es decir, las distintas formas de su encarnadura. Por eso, el libro se estructura siguiendo esta guía de impureza, en la tensión entre las estructuras transcendentales de la razón y su contaminación con el cuerpo y el mundo. “Despreciar que la razón se desarrolla precisamente por el contacto con lo real conduce a rechazar la noción básica de epigénesis, esa metáfora biológica elegida por Kant al final de la Deducción trascendental de las categorías (§ 27) para expresar la posición del idealismo trascendental frente a dogmáticos y escépticos” (p. 28). La metáfora biológica orienta; se trata de una disposición adquirida, sin esa trama no habría ni razón ni mundo.

En consonancia con el asunto a pensar, esto es, la realización efectiva de la razón en las formas objetivas del mundo, el libro es provocativo, además, desde el método que conduce la investigación y coherente con él: “Conocer a un pensador requiere comprender

–si es que no participar– ante todo las imágenes que orientan la elaboración de sus preguntas y la construcción de sus conceptos”. Tales imágenes que suelen pasar desapercibidas o ser consideradas como un mero andamio del pensar, sin embargo, abren un camino para ahondar el pensamiento de Kant. Su tratamiento hermenéutico forma parte de la propuesta de trabajo que ofrece el libro, y así ofrece una alternativa a las lecturas establecidas y a los recorridos canonizados: “Entrecruzando los caminos de la antropología y el derecho político en Kant se obtiene a nuestro juicio una semblanza de su obra que rehúsa verse encajada en los goznes de interpretación habituales”. (p. 267).

La primera parte del libro se articula en torno a una tesis de creciente interés en la investigación del pensamiento de Kant, que la autora hace tiempo que ha venido estudiando. La misma se formula de la siguiente manera: “la racionalidad práctica kantiana no se sostiene en pie si no interviene decisivamente en el cultivo de elementos de naturaleza sentimental”. Pero ¿cómo interviene el sentimiento? ¿es al modo de una concesión de Kant a un tema emergente en el siglo XVIII, una cierta confrontación con sus compañeros de ruta, los empiristas? ¿O es a modo de patología para la razón? No transita por estos lados lo decisivo de la tesis formulada. El objetivo perseguido se dirige a mostrar que, el “eje de lo sentimental atraviesa como un bajo continuo la entera crítica de la razón de Kant, de suerte que el sentimiento no deba ser considerado como lo otro del elemento racional del ser humano, sino bien al contrario como un cauce esencial para que este pueda comprender y evaluar precisamente los mandatos, máximas y apelaciones que la razón pueda dirigirle”. Estamos ante un peculiar maridaje entre la razón y el sentimiento,


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situados en el lado, menos o no explorado, del sentimiento en relación con la razón, el de “La relevancia del sentimiento y la emoción para comprender cabalmente las exigencias que la razón plantea en el proyecto crítico” kantiano, abordaje que, “solo ha comenzado a subrayarse con la debida contundencia en los últimos años” (p. 39). Este libro testimonia esa contundencia y es un llamado de atención también hacia la tendencia de interpretación de la tercera de la Crítica, la que al decir de Kant completa el sistema, cuyo protagonista es el sentimiento estético, obra que ha tenido el destino de ser interpretada desde las coordenadas planteadas en la Crítica de la razón pura y, por ello, aplanada en su novedad y en sus desafíos

El libro recorre textos significativos de la obra de Kant en los que el sentimiento da cuenta de una necesidad sentida de la razón cuando ella, como razón teórica, se enfrenta a “la espesa noche de lo suprasensible”. La autora es cuidadosa al diferenciar el sentimiento del que habla Kant, de cualquier acceso sentimental inmediato a lo suprasensible, como proponían Jacobi o Mendelsohn. Un segundo ámbito de relevancia para el estudio del sentimiento es la moral. El libro nos presenta un análisis del juego entre negatividad (humillación) y positividad (elevación) inherentes al sentimiento de respeto. Este paso es fundamental para diferenciarlo luego, del sentimiento estético. Pero además el recurso al sentimiento permite iluminar otros aspectos de la razón. Su empeño por traspasar los límites de la experiencia, señalado en el Canon de la razón pura, indica que hay algo positivo para ella en ese otro territorio interdicto. Ese “anhelo incontenible de la razón” le permite a Kant abrir el espacio del uso práctico. Anhelo que se anuncia desde el comienzo de la Crítica de la razón pura en la preocupación por la fundamentación de la metafísica. La razón en virtud de su singular destino, anhela lo incondicionado, pero sólo puede moverse con seguridad en el terreno de las condiciones; desmesura constitutiva revelada en esas preguntas que brotan de ella misma y a las que no puede responder, entonces, ella es la isla y es también el mar tempestuoso. “Toda esta “vida sentimental” de una razón que no siente –si se nos permite la formulación– entronca con lo que Kant denomina metafísica como disposición natural, a saber, con el hecho de que esta disciplina llamada a convertirse en ciencia comienza como evidencia sentimental de una necesidad que conduce a la razón a intentar dar respuesta a preguntas “que no pueden ser respondidas por ningún uso empírico”. La razón quiere lo incondicionado como su sustancia propia, pero puede solo lo condicionado, en ese drama se teje la finitud. Será por eso que: “En ninguna actividad del espíritu se advierte con tanta intensidad el vínculo entre razón y emoción como en el caso de la metafísica”. (pp.48-49).

La autora, a modo de avezado detective, muestra prueba sobre prueba, evidencias textuales de la imposibilidad de considerar a Kant un enemigo de las emociones, sentimientos e inclinaciones. Es cierto que nuestro filósofo, no es amigo de un ánimo dominado por sentimientos exaltados, ni concede que reemplacen a la razón en las cuestiones que le conciernen a ella en cuanto tal: “El descubrimiento de una manera de sentir en la que la inclinación no lleva la égida, sino que se convierte en expresión de un precepto o una apelación o llamado de la razón, eleva al ser humano, le vuelve más


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consciente de su propia dignidad, abriendo una nueva etapa en la relación del proyecto crítico con la antropología” (p. 51). El libro saca a la luz una trama más delicada, en la que se muestra aquello que los sentimientos proporcionan de manera insustituible para la tarea de la razón. Las Lecciones de Antropología son señaladas como el lugar idóneo para esta exploración. “La atención al eje de lo sentimental nos permite atender a la esfera, variada y múltiple, de las resonancias sentimentales o emocionales derivadas de los efectos que la razón posee sobre el ánimo humano, poniendo de manifiesto que las emociones no son autónomas, sino que están llamadas a transmitir y comunicar evidencias fundamentales de esencial importancia para la prosecución de la obra de la razón, coincidente con lo que Kant denominará proceso de Ilustración” (p.51). En este punto confluyen muchos temas de diferente grado de complejidad. En esta exploración de la relación entre el ámbito de los sentimientos y la razón, no hay rincón de la obra de Kant que pase desapercibido ni enigma que no quiera ser interrogado.

También el sentimiento tiene, en relación al conocimiento, un rol central: “En el origen de nuestra relación con el mundo no puede sino hallarse como vehículo de orientación, el sentimiento”. El planteo hace, así, ineludible abordar el tema en referencia a la tercera Crítica. Es especialmente en la Crítica de la facultad de juzgar estética donde la belleza se plantea como la primera señal reveladora de la concordancia entre la actividad intelectual y las formas de la naturaleza, de la mano de la imaginación. El sentimiento de placer en lo bello habla de la presencia de un sentido, que recibimos como un don, y nos muestra un acuerdo primero, base de toda actividad cognitiva, más allá de cualquier capacidad de conceptualización: “El descubrimiento y contemplación de lo bello constituye uno de los aspectos de la obra kantiana que mejor permiten enfocar la relación entre el sentimiento y la actividad de pensamiento” (p. 47).

En el capítulo siguiente la autora investiga cómo repercute este estudio de las emociones en la teoría kantiana de la sociabilidad. Sin duda el llamado paradigma estético-político de la comunidad del gusto está en la mira de la filosofía contemporánea. La originalidad de la lectura de Hannah Arendt abrió un camino fecundo de interpretación para iluminar procesos históricos, al revelar la potencialidad del juicio estético para el análisis de situaciones históricas en las que se pone en juego, de diversa manera, la libertad humana.

Nuria Sánchez parte de la figura del alma bella para mostrar la tensión que domina la estética kantiana, entre la belleza de la naturaleza, y su carácter de modelo, y la belleza del arte, y lo hace en relación al interés empírico en lo bello, o sea al goce de lo bello en sociedad. Kant, en su intento de mostrar el vínculo que lleva de la belleza a la moralidad, pone bajo sospecha al goce social en lo bello; porque, si bien por un lado, cultiva la sociabilidad, por otro, se puede volver refinamiento infinito y, además, porque “los virtuosos del gusto a menudo evidencian pasiones vanidosas, caprichosas y perniciosas”. Frente a esto, el goce inmediato de la belleza de la naturaleza, propia del alma bella, en soledad y alejada de los apegos mundanos “pone de manifiesto una disposición del ánimo favorable al sentimiento moral” (KU V 299). Sin duda, es una buena elección de la autora para mostrar un punto álgido en este camino de una razón mundana. “Me interesa por de


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pronto –escribe. destacar el tajante énfasis kantiano en la difícil convivencia de dos materializaciones del gusto, la una reflexiva y solitaria, la otra de carácter social, aunque la primera tenga la esperanza de salvar a la segunda de sus vicios, toda vez que cabe aguardar “un tránsito muy ambiguo desde lo agradable a lo bueno” (p. 162). Remite ambos comportamientos a dos destinos diferentes, el primero “a las condiciones trascendentales de formación de toda comunidad de comunicación, cuyas consecuencias son necesariamente políticas, mientras que la segunda hace de lo bello uno más de los productos de consumo de una sociedad civilizada” (p. 162). Otra modalidad de esta oscilación de Kant es el rechazo a la apariencia de belleza como artificio frente a lo bello natural. La aguda crítica de la autora lee en ello, la nostalgia de “una transparencia con la que no deja de soñar un discurso moral que cree en la prelacía de la ley sobre el deseo” (p. 163), pero también cabe apreciar ahí, “el obstáculo necesario para que la especie humana no pierda sus mejores disposiciones adentrándose en la espiral del mal”. Es el clásico juego kantiano de antagonismo entre obstáculo y acicate. Ningún tema deja de tener su proyección en el mundo contemporáneo. A este respecto es notable la capacidad de Nuria Sánchez, al resituar los conceptos, en el proceso de transferencia que su pensamiento efectúa desde un espacio a otro. “La caricatura de la fusión de horizontes que trae consigo lo bello kantiano la encontramos hoy en día en productos de consumo masivo propios de la cultura neoliberal, donde la realidad digital se desliza en la psicológica y física con los medios de control social suministrados por ejemplo por plataformas informáticas. En este contexto es bien cierto que ningún pájaro salvaje se adentra en nuestra vida social, pero podemos considerar buena parte de los productos de entretenimiento masivo mencionados como una variación mostrenca de la misma fascinación por lo simbólico como protección de la violencia de lo real celebrada en el siglo XVIII” (p. 165). Este libro nos dice que no estamos ante un Kant que ha pasado, es una lectura que, al detectar en los intersticios de la teoría puntos vulnerables, es capaz de mostrar en ese límite percibido toda la potencialidad del pensamiento de Kant ayer y hoy: “Como en textos más conocidos de la segunda Crítica, Kant supo ver, seguramente como nadie en una Modernidad tendente a la autocomplacencia, que los fuegos fatuos del amor de sí deparan finalmente los productos detestables del egoísmo en la vida social, civil y moral, pero al mismo tiempo confió quizás excesivamente en la capacidad de una comunidad abstracta –esa que empieza a delinearse en la experiencia estética y que nos conduce a pensar desde el lugar de cualquier otro– para convertirnos en ciudadanos de un mundo en el que impere una saludable coexistencia”. (p. 29).

Estas páginas revelan un destilado artesanal de una larga y atenta dedicación a un autor complejo como es Kant, en cuya obra la autora se mueve con solvencia, vincula con dinamismo reflexivo textos diversos de las Lecciones, las Reflexiones y las obras publicadas, con interpretaciones de autores contemporáneos a Kant y lecturas e interpretaciones posteriores de la filosofía kantiana. En ellas se combina la rigurosidad académica con reflexiones sugerentes y provocativas, que testimonian la libertad para pensar y el valor de intentar caminos poco ensayados en la obra del filósofo. Finalmente,


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quiero destacar, que el libro de Nuria Sánchez Madrid cuenta con un prólogo de José Luis Villacañas (“La batalla por el mundo) y un epílogo de Pablo Oyarzun (“Compleja mundanidad”), dos excelentes aportes que contribuyen a resaltar los núcleos conceptuales de la obra y el impulso al conocimiento que lo atraviesa.


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