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CON-TEXTOS KANTIANOS.

International Journal of Philosophy

N.o 6, Diciembre 2017, pp. 366-380

ISSN: 2386-7655

Doi: 10.5281/zenodo.1095695


Conversación con Roberto R. Aramayo1 con motivo de su 60 cumpleaños2


Talking about Kant with… Roberto R. Aramayo


ILEANA P. BEADE


CONICET / Universidad Nacional de Rosario, Argentina


Roberto R. Aramayo, historiador de las ideas morales y políticas adscrito como Profesor de Investigación al Instituto de Filosofía del CSIC, es conocido por sus numerosas ediciones españolas de textos kantianos, entre las que se cuentan entre otras dos versiones distintas de la tercera Crítica kantiana, la segunda Crítica, la Fundamentación, El conflicto de las Facultades, las Lecciones de Ética, una parte de la Antropología práctica, una selección del Nachlass y otra de algunos opúsculos kantianos. Estudioso de la Ilustración europea, ha editado también textos de Diderot (El paseo del escéptico y Pensamientos filosóficos), Federico el Grande (Anti-Maquiavelo), Rousseau (Cartas morales y Ensoñaciones) o Ernst Cassirer (Rousseau, Kant, Goethe: Filosofía y cultura en la Europa del Siglo de las Luces, La Conferencia de Weimar y el debate de Davos con Heidegger y Filosofía moral, Derecho y Metafísica), y algunas obras debidas a Schopenhauer (El mundo como voluntad y representación, Manuscritos berlineses o Los designios del Destino). Entre sus libros no dedicados a Kant pueden citarse Cassirer y su Neo-Ilustración (2009), Rousseau: Y la política hizo al hombre –tal como es- (2015), Voltaire: La ironía contra el fanatismo (2015) y Schopenhauer: La lucidez del pesimismo (2018), teniendo en preparación otro sobre Diderot y el significado de la Ilustración.


1 http://ifs.csic.es/es/personal/robertor.aramayo / https://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_R._Aramayo

2 28 de febrero de 2018.

Conversación con Roberto R. Aramayo con motivo de su 60 cumpleaños



Tras haber presidido desde 2001 -y hasta 2014- la Asociación Española de Ética y Filosofía Política (AEEFP), como primer Secretario de la Sociedad de Estudios Kantianos en Lengua Española (SEKLE) puso en marcha su aparato administrativo y organizó junto a Lisímaco Parra el primer encuentro internacional de dicha sociedad celebrado en Bogotá (Colombia) a finales de 2012. Rentabilizando su experiencia como Director de Isegoría junto a Javier Muguerza, fundó en 2014 con Nuria Sánchez Madrid como secretaría ejecutiva y otros editores asociados (María Julia Bertomeu, Catalina González, Efraín Lazos y Luis Eduardo Molina) la revista internacional Con-Textos Kantianos, la cual generó ulteriormente la Biblioteca Digital de Estudios Kantianos CTK E-Books.

A Kant le ha dedicado sus libros Crítica de la razón ucrónica: Estudios en torno a las aporías morales de Kant (1992), La Quimera del Rey Filósofo: Los dilemas del poder o el frustrado idilio entre la ética y lo político (1997), Immanuel Kant: La utopía moral como emancipación del azar (2001) y Kant: Entre la moral y la política (2018), además de los volúmenes colectivos titulados Kant después de Kant: En el bicentenario de la Crítica de la razón práctica (1989), En la cumbre del criticismo: Simposio sobre la Crítica del Juicio de Kant (1992), La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración: A propósito del bicentenario de Hacia la paz perpetua de Kant (1996), Ética y Antropología, un dilema kantiano: En los bicentenarios de la Antropología en sentido pragmático y La Metafísica de las costumbres (1999) y La filosofía práctica de Kant (2018)3.

* * *



3 Entre sus publicaciones más recientes en torno a Kant se cuentan estos artículos y capítulos de libros colectivos publicados en español, francés, inglés y alemán: "La plausible impronta (política) de Diderot en Kant”, Ideas y Valores 66/163 (2017), pp. 9-33; “La perspective juridico-politique de l’usage pratique de la raison dans les opuscules Kantiens de 1784”, in Kant. L’année 1784. Droit et philosophie de l’histoire, J. Vrin, Paris, 2017, pp. 295-303; “Ideales platónicos y ensoñaciones rousseaunianas en el pensamiento político de Kant”, Con-Textos Kantianos. International Journal of Philosophy, CTK 5 (Junio 2017), pp. 236-260; Right as a Sign of a Philosophical Chiliasm: Freedom and its Evolution in Kant’s Opuscules”, in Critical Paths outside the Critiques. Kant’s Shorter Writings, Cambridge Scholar, Newcastle, 2017, pp. 398-409; “Spuren Rousseaus in Werk Kants. Erziehung, Gesellschaft, Kosmopolitismus”, in Harmonie, Toleranz, kulturelle Vielfalt, Könighausen & Neumann, Würzbug, 2017, pp. 123-135; “Kant, lecteur et interprète de Leibniz: à propos de l’harmonie préétablie, la téléologie, Dieu et le destin”, in Für unser Glück oder das Glück anderer”, Georg Olms, Hildesheim, 2016, vol. II, pp. 15-25; “Le souverain bien à la lumière de l’impératif de l’espoir chez Kant”, in Kant : La raison pratique. Concepts et héritages, Vrin, Paris, 2015, pp. 375-386; “Una ficción heurística para explorar nuevas configuraciones políticas. El primado jurídico-político de Kant en los opúsculos de 1784”, Conceptos. Revista de Filosofía 8 (2015) pp. 13-25; “Crises and Revolutions: Philosophical Aproches to their Interdependence in the Classic Works of Rousseau, Kant, Tocqueville, Cassirer and Arendt”, [email protected], 13.2 (jul./dez., 2014), pp. 303-314; “La recherche du bonheur et le rôle de l’espérance chez Kant, en dialogue avec Spinoza et Rousseau”, Revista Filosofica de Coimbra 46 (2014) pp. 428-448; “La política y su devenir histórico en el pensamiento de Kant”, Ideas y Valores. Revista colombiana de Filosofía, vol. LXII Suplemento 1 (2013), pp. 15-36; “Politik und Gechichtsphilosophie bei Kant”, Kant e-prints 8 (2013), pp. 1-23; “Immanuel Kant: La Revolución Francesa desde una perspectiva cosmopolita”, en Historia del Análisis Político, Tecnos, Madrid, 2011, pp. 427-438.


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Ileana P. Beade


IB1: Conociendo su amplia y reconocida trayectoria como autor, traductor y editor, resulta casi inevitable comenzar preguntando en qué momento o circunstancias decidió dedicarse profesionalmente a la filosofía.

RRA1: A decir verdad no fue una decisión muy vocacional y se debió a un cúmulo de circunstancias harto contingentes. Los estudios de mi padre quedaron truncados por la Guerra Civil española cuando mi abuelo partió al exilio republicano y como consecuencia de todo ello mi hermano mayor también tuvo que incorporarse desde muy temprano al mundo laboral. Ambos decidieron que yo debía ir a la universidad como ellos hubieran querido hacer, mientras que mis inclinaciones me dictaban más bien incorporarme a Iberia, la compañía de aviación donde trabajaba mi citado hermano, para poder volar gratis a diestro y siniestro. La filosofía fue una elección fortuita. Me sentía más cómodo con las matemáticas, pero un mal profesor de tal asignatura me hizo decantarme por un bloque de optativas donde la filosofía iba con latín y griego en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. Allí quedé cautivado por el talante de quien impartía filosofía (Manuel García Marcos) y al entender que su actitud vital se había forjado al estudiar esa disciplina decidí seguir sus pasos.

Fue por tanto algo tan azaroso como lo es el propio nacimiento, cuyas coordenadas espacio temporales no las elige nadie, aunque luego quepa recrearlas, permitiéndole a uno definirse por ejemplo como un vasco nacido en el madrileño barrio de Chamberí, haciendo así los honores a mis apellidos maternos, ya que todos los de mi madre -Lorea Aramayo Urresti- provenían del País Vasco al ser oriunda de Ondárroa, lo que quizá explique mi devoción por los paisajes y las gentes de la comarca del Bidasoa.

IB2: ¿Qué personas tuvieron mayor incidencia en su formación filosófica? ¿Hay algún libro en particular –o algún autor– que haya incidido de manera decisiva en dicha formación?

RRA2: En primer lugar debo referirme a quienes coincidieron conmigo en las aulas de la madrileña Universidad Complutense mientras estudiamos filosofía entre 1975 y 1980, algunos de los cuales devendrían excelentes amigos entre los que no dejaron de anudarse lazos afectivos e incluso sentimentales: Concha Roldán, Juan Antonio Rivera, Jesús Carlos Gómez Muñoz y Rosa García Montealegre. Mediada la carrera también trabé relación con un profesor excepcional que me animaría más tarde a hacer mi tesis doctoral y que al día de hoy sigue contagiándome su pasión por el estudio. Sin el acicate de mi querido mentor Antonio Pérez Quintana nunca hubiese redactado mi tesis doctoral sobre La filosofía práctica de Kant como elpidología eudemonista (1984)4


4 Cuyo prolijo título resulta sobradamente descriptivo: “Un estudio de las relaciones que guardan entre sí dentro del pensamiento kantiano el Derecho transcendental, la Ética formal, la Religión moral y la Filosofía crítica de la historia, que utiliza como hilo conductor del análisis sus concepciones sobre la felicidad y la esperanza”.

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En 1985 tuve ocasión de conocer personalmente a Javier Muguerza, sin cuyo decisivo e inopinado sostén académico no habría podido dedicarme a este quehacer profesional. Juntos organizamos un seminario con ocasión del bicentenario de la segunda Crítica kantiana que dio lugar al volumen titulado Kant después de Kant (1989), publicando algo después otro colectivo, La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración (1996), a propósito del bicentenario de Hacia la paz perpetua y en el que Concha Roldán se sumó como tercer editor literario.

La razón sin esperanza de Javier Muguerza fue un libro que me influyó mucho y por lo demás nunca olvidaré cuán gozoso resultaba escuchar sus conferencias, tras la decepción que supusieron unas calamitosas clases impartidas por un indolente profesorado cuyo mayor mérito consistió en adherirse al régimen franquista y no se interesaba en absoluto por su alumnado. Aquella no era ni mucho menos la mítica Facultad en que habían enseñado Gaos y Ortega. La reincorporación a su cátedra en 1978 de José Luis L. Aranguren, quien volvía desde California, supuso una bocanada de aire fresco en ese ambiente que sólo se vería renovado poco después. Antonio Pérez suponía una clamorosa excepción a esa indolencia. Su dedicación a la docencia devino legendaria en aquella Facultad, como luego pudieron comprobar sus alumnos de La Laguna. La verdad es que me siento muy orgullo de haber propiciado sendos homenajes a mis queridos maestros, Antonio Pérez Quintana (Mundos posibles) y Javier Muguerza (Disenso e incertidumbre y Diálogos con Javier Muguerza), pues en ambos casos mediaba una inmensa deuda de gratitud tanto personal como académica.

También fue Javier Muguerza quien me animó a recopilar una serie de trabajos para componer el que sería mi primer libro sobre Kant y que cuenta con un prologo del propio Muguerza. En mi Crítica de la razón ucrónica (1991) hablo de un imperativo elpidológico para dar cuenta del papel jugado por la esperanza en Kant, la cual sirve para generar una imprescindible autoconfianza que nos permite actuar autónomamente como propugnó Rousseau, sin depender de instancia trascendente alguna y con arreglo a la divisa kantiana del “debo luego puedo”, porque a fin de cuentas el agente moral kantiano debe creer que sus actos pueden cambiar las cosas al evitar cometer injusticias, conforme a ese imperativo de la disidencia que acuña Javier Muguerza en su esfuerzo por actualizar las formulaciones kantianas. En esta constelación de problemas inciden mis otros ensayos dedicados íntegra o parcialmente a Kant: Immanuel Kant: La utopía moral como emancipación del azar (2001), La Quimera del Rey Filósofo (1997) y Kant: Entre la moral y la política (2018).

Por otra parte, mi trayectoria humana e intelectual se ha visto jalonada por el trato con algunos que me han acompañado en uno u otro tramo de mis itinerarios académico, en ocasiones trabando diferentes grados de amistad. Pienso en colegas y/o compañeros de trabajo como José Francisco Álvarez, José Luis Aranguren, Txetxu Ausín, María Luisa Balenciaga, Reinhard Brandt, Antonio Casado, Victoria Camps, Adela Cortina, Manuel Cruz, Jaime De Salas, Elías Díaz, Toni Doménech, Javier Echeverría, Eusebio Fernández, Manuel Fraijó, Rosa García Montealegre, Victoria Garrido, Ernesto Garzón Valdés,


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Thomas Gil, Jesús Carlos Gómez, Miguel Giusti, José Gómez Caffarena, Catalina González, Ricardo Gutiérrez Aguilar, Efraín Lazos, Emilio Lledó, Fernando Madariaga, Salvador Mas, Francisco Maseda, Rosa Muñoz, Javier Muguerza, Faustino Oncina, Pablo Oyarzun, Lisímaco Parra, Pedro Pastur, Carlos Pereda, Manuel Francisco Pérez López, Antonio Pérez Quintana, Quintín Racionero, Juan Antonio Rivera, Nuria Roca, Concha Roldán, Nuria Sánchez Madrid, Julián Sauquillo, Fernando Savater, Amelia Valcárcel, Fernando Vallespín, José Luis Villacañas o Astrid Wagner.

IB3: ¿Considera que las tareas de investigación filosófica, traducción y enseñanza resultan complementarias? Dado que a lo largo de su intensa trayectoria ha incursionado en estas tareas diversas, ¿tiene predilección por alguna de ellas?

RRA3: Un golpe de fortuna me hizo incorporarme al Consejo Superior de Investigaciones Científicas como becario predoctoral en 1982 y eso posibilitó que cuando Javier Muguerza puso en marcha el Instituto de Filosofía del CSIC pudiese adscribirme al mismo desde un primer momento, propiciando seguidamente que mi vinculación laboral como investigador se consolidara en 1989, lo cual se debió a un decisivo respaldo por su parte que nunca he creído merecer. Esta circunstancia hizo que no tuviese carga docente alguna. Con el transcurso de los años echaría de menos haber tenido una docencia obligatoria, pero desde un principio decidí dedicarme a preparar ediciones de textos, porque me parecía una labor que podía resultar útil. Javier Echeverría ha comentado alguna vez que mis estudios introductorios pueden homologarse con lecciones magistrales intemporales que llegan a un público amplio y me complace pensar que pueda llevar algo de razón en tal parecer. Fue Manuel Francisco Pérez López quien me inició en el arte de la traducción y con él publiqué mi primera edición, Teoría y práctica (1986), a la que le siguieron Ideas para una historia universal en clave cosmopolita (1987) y las Lecciones de Ética (1989), traducidas en tándem con Concha Roldán.

Me tentaba mucho verter al castellano textos de Kant que no estuvieran disponibles en español y por eso acaricié la idea de traducir La metafísica de las costumbres, pero al saber que Adela Cortina quería emprender ese mismo trabajo y no lograr ponernos de acuerdo para hacerlo conjuntamente, me ceñí a las Lecciones de Ética, combinando el manuscrito de Collins con la edición preparada en 1924 por Paul Menzer. Al completar la Moralphilosophie Collins con los tres manuscritos manejados por Menzer, detecté algunas inexactitudes en el trabajo de Gerard Lehmann en su edición académica y esto me sirvió como carta de presentación durante mi primera estancia financiada por la DFG en Marburgo, donde Reinhard Brandt y Werner Stark habían fundado poco antes un Archivo Kantiano. Aquel verano del 89 me familiarizó con los trabajos en curso para la edición académica de las Lecciones de Antropología y eso me permitió publicar mucho antes que saliera la versión original parte del manuscrito Mrongovius con el título de Antropología practica (1990), gracias a un permiso tácito del Profesor Brandt, quien por cierto acaba de cumplir 80 años y con ese motivo le rindió recientemente homenaje la Universidad Católica del Perú durante un congreso que organizó Miguel Giusti con el título de El

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conflicto de las Facultades, al que no pude acudir personalmente, pero en el que acabé participando por medio de una videoconferencia donde diserté acerca del pensar por cuenta propia y la misión de las humanidades.

Si no estoy equivocado, mi atención a las lecciones de Kant sobre filosofía moral y sobre antropología fue pionera en español, contando después con los recientes trabajos de Manuel Sánchez Rodríguez (Lecciones de antropología; 2015), Alba Jímenez (Lecciones sobre filosofía moral; 2017) o Nuria Sánchez Madrid y Macarena Marey, quienes han publicado en CTK 4 un anticipo de sus Lecciones sobre derecho natural (Naturrecht Feyerabend). Paralelamente, un inesperado encargo me animó a hacer una selección temática de algunos textos del Legado inédito kantiano, en donde incluí muchas Reflexiones y ciertos trabajos preparatorios bajo el criterio de su relación con la vertiente práctica del pensamiento kantiano, lo que dio lugar al compendio de fragmentos publicado bajo el título de Antología de Kant (1991).

Tras un paréntesis dedicado a Schopenhauer, en que traduje cosas tales como Los designios del destino (1994), Metafísica de las costumbres (1993), Manuscritos Berlineses (1996), Escritos de juventud (1999) y, antes de traducir El mundo como voluntad y representación (2003), mis estancias en Marburgo me permitieron retomar mis ediciones de textos kantianos durante la primera década del nuevo milenio. A ese periodo corresponden mis ediciones de la Crítica de la razón práctica (2000), la Fundamentación para una metafísica de las costumbres (2002), ¿Qué es la Ilustración? (2003) o El conflicto de las Facultades (2004), publicadas todas ellas en Alianza Editorial con sucesivas reimpresiones, mientras que sendas estancias en Berlín con los profesores Hans Poser y Thomas Gil me sirvieron para preparar, junto a mi buen amigo Salvador Mas, dos versiones distintas de la tercera Crítica kantiana, que dimos en denominar Crítica del discernimiento, o de la facultad de juzgar (2003 y 2012), argumentando las razones de índole funcional que nos inducían a ello. La segunda enriqueció también el fondo kantiano de Alianza Editorial, que junto a mis cinco aportaciones a esa biblioteca kantiana (Fundamentación, segunda y tercera Críticas, ¿Qué es la Ilustración y Conflicto de las Facultades) cuenta con otros tantos títulos cuya traducción se debe a plumas como las de Joaquín Abellán (Paz perpetua), José Gaos (Antropología) o Felipe Martínez Marzoa (Religión).

IB4: ¿Podría decirse que la traducción de fuentes filosóficas conlleva una tarea que es, en sí, filosófica? ¿Considera necesario ejercitarse en la reflexión filosófica para lograr buenas traducciones de obras de filosofía? ¿Cómo podría medirse la calidad de una traducción? ¿Cuáles son los criterios que permitirían evaluar el carácter acertado de las decisiones que debe tomar, inevitablemente, quien traduce textos filosóficos?

RRA4: Traducir es en general un ejercicio sumamente recomendable, porque supone una lectura que no puede homologarse a ninguna otra y que nos hace apropiarnos de un texto ajeno, para interpretar el texto cual si se tratase de una partitura musical, intentando


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encontrar las palabras adecuadas para los mismos conceptos e ideas utilizados por el autor traducido. Es una labor muy gratificante, aunque no siempre goce del reconocimiento que merece, según revelan algunas críticas apresuradas cuyos artífices deberían más bien tender a predicar con el ejemplo aportando versiones alternativas. Ciertamente hay que familiarizarse mucho con un autor para comprenderlo y poder traducirlo. Llevar a cabo traducciones de pensadores consagrados me parece algo tan formativo en términos filosóficos como la docencia, pues en definitiva de trata de transmitir a un tercero lo aprendido por uno mismo gracias a una lectura cuya intensidad no tiene parangón. El transferir ideas de un acervo cultural a otro mediante una traducción es una labor apasionante y siempre supone un enorme desafío, al no haber protocolo precisos para dirimir ciertos dilemas o decantarse por una u otra opción. Revisar las propias traducciones de textos particularmente complicados constituye una curiosa experiencia, máxime cuando se pueden discutir las distintas opciones en el caso de ser una traducción conjunta.

El mejor criterio para juzgar una traducción es que resulte útil a sus destinatarios. La propia índole de las traducciones les hace perecederas, pues la continua evolución de las lenguas exige actualizar el vocabulario y las estructuras gramaticales5. Manuel García Morente hizo una gran labor, pero ninguna traducción es inmortal e inmejorable, al margen del valor histórico que puedan tener en un momento dado. Personalmente soy un firme partidario de que proliferen las traducciones y quepa escoger entre las mismas, lo cual no es incompatible con hacer corpus de autores, tal como franceses, ingleses e italianos han hecho con el propio Kant, a condición de que las traducciones incluidas en una determinada coyuntura puedan verse relevadas por otras al comprobar su mayor plausibilidad. Sin embargo, entre los usuarios de la lengua española esta empresa no parece resultar muy viable merced a ciertos personalismos académicos que buscan un reconocimiento ficticio e impostado por intereses marginales y a sectarismos dignos de mejor causa. Cualquier intento en esa dirección parece previamente condenado al fracaso, por lo que quizá resulte preferible hacer proliferar las traducciones, para que busquen por su cuenta el aire y el sol con arreglo a esa hermosa metáfora kantiana que ilustra su célebre insociable sociabilidad.

IB5: ¿Qué actividades considera más significativas de aquellas desarrolladas en su carácter de Profesor de Investigación en el marco del Consejo Superior de Investigaciones Científicas?

RR5: Me identifico bastante con el perfil del Grupo de Investigación del que soy responsable y que se denomina Theoria cum praxi, por la divisa leibniziana que Kant hiciera suya en su escrito sobre Teoría y práctica, el primero que di en traducir. Los miembros del grupo entendemos, al igual que según Ernst Cassirer hicieron los ilustrados, que la teoría debe servir en todo momento para orientar nuestra praxis. Bajo esa premisa decidí cultivar la historia de las ideas morales y políticas, ciñéndome sobre todo a la época


5 Cf. https://www.academia.edu/34174981/Theoria_cum_praxi_en_la_traducción_de_textos_filosóficos.pdf

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ilustrada, como muestran mis recientes libros dedicados a Rousseau y Voltaire, así como el que quisiera escribir alguna vez sobre Diderot, recreando el ambiente filosófico de la Ilustración europea y desgranando los problemas planteados entonces que nos continúan interesando hoy en día.

La falta de un horizonte laboral dentro del CSIC hace que sean pocos quienes deciden realizar sus tesis doctorales entre nosotros y confieso que lamento no haber podido tener más doctorandos a mi cargo, como sí ha sido el caso de Ricardo Gutiérrez Aguilar, quien tras escogerme como Doktorvater se doctoró con una tesis titulada Posibilidad y facticidad: Los juicios históricos desde la Ilustración y el Idealismo alemán frente a la Revolución francesa (2014), cuya parte metodológica recoge su libro El historiador en su gabinete: El juicio histórico y la Filosofía de la Historia (2013). Juntos hemos hecho una larga travesía que comenzó en el Instituto de Filosofía del CSIC y continuó en Berlín, gracias a un proyecto europeo Marie Curie que permitió una cotutela de su tesis, posibilitando que se doctorase simultáneamente por la UNED y la TU-Berlin. Resulta frustrante que haya tanta gente como él, con una clara vocación y una enorme dedicación, que pese a cosechar todo tipo de reconocimientos (premio nacional de licenciatura y premio extraordinario de doctorado), concatenar becas y contratos (beca de formación, colaborador científico en Alemania e investigador interino en España en el CSIC y la UCM) o realizar estancias de varios años por doquier (Berlín, Buenos Aires, Valdivia, Canada, Chicago, La Plata o Nueva York) no logren consolidar su vinculación laboral con una u otra institución. Es una lástima que jóvenes con semejante formación no tengan unas expectativas más acordes con su capacidad y empeño. Pero como dijo Kant estas dos cosas no sirven de mucho si no les acompaña la suerte.

Por otra parte, ahora mismo soy el único miembro en activo del primigenio Consejo de Redacción de la revista Isegoría, fundada por Javier Muguerza en 1990,, en la que a lo largo de casi tres décadas he oficiado sucesivamente como cosecretario, secretario, vicedirector, codirector y director, haciendo tándem con el propio Javier Muguerza en la Dirección, Victoria Garrido y Francisco Maseda en la Secretaría Técnica, e igualmente con Concha Roldán y Nuria Sánchez Madrid en el equipo ejecutivo. Fue un privilegio participar en este proyecto desde sus inicios, aun cuando reconozca que la creciente burocratización de los procesos hace muy penosa esta labor. El posicionamiento en los rankings va comercializándose y finalmente acaban primando cuestiones formales y cuantitativas que difuminan los contenidos de las publicaciones. Las revistas pueden quedar convertidas en simples expendedurías de certificados con los que alimentar aplicaciones informáticas cuando uno somete a una u otra evaluación, perdiéndose de vista su genuino cometido, que no debería ser sino el de participar la propia reflexión a los colegas y al público en general.

Sin embargo, acaso justamente por lo que acabo de constatar, no me resistí a impulsar una nueva revista que pudiera tender puentes entre todos los torna-kantianos bajo un prisma cosmopolita e hiciera conocer las aportaciones en español a los estudios


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kantianos mediante la convivencia de nuestra lengua con otras como inglés, francés, alemán, portugués e italiano, compartiendo páginas y secciones de una misma revista. Es lamentable que un idioma con tantos usuarios como el español no sea lengua oficial en los congresos internacionales o no pueda ser aceptado por algunas revistas como Kant-Studien precisamente por lo apuntado hace un momento, ya que a los grandes consorcios editoriales les resulta mucho más cómodo y económico ceñirse a la gestión del inglés, tolerando como mucho la presencia testimonial del alemán y del francés. Esto es algo que quedó muy claro en las conversaciones mantenidas a este respecto con los responsables de Kant-Studien durante la celebración del primer congreso de la SEKLE en Bogotá, encuentro que hicieron posible los buenos oficios de Lisímaco Parra y cuya preparación se gestó casualmente mientras charlábamos degustando botellas de Chardonnay en Berlín, donde también me animó a franquear las puertas del paradisiaco Vabali.

Nada más finalizar ese mismo encuentro, propuse a Concha Roldán y Pedro Stepanenko, como directores de los Institutos homólogos del CSIC y de la UNAM, alentar una serie de publicaciones en español que cumplieran la función desempeñada por los Companions editados por Cambridge, aglutinando volúmenes colectivos que versaran sobre una obra de Kant o alguna faceta de su pensamiento. De aquella iniciativa contamos por el momento con dos volúmenes, uno de los cuales está dedicado a la primera Crítica y el otro a la Filosofía práctica de Kant, viéndose coeditado este último por la Universidad Nacional de Colombia, la UNAM y CTK E-Books.

Tampoco he dejado de propiciar distintas colecciones, entre las que quisiera destacar Diálogos con clásicos europeos (Plaza y Valdés), aunque no reniegue para nada de Theoria cum praxi (PyV/CSIC), EidÉtica (Herder), Moral, Ciencia y Sociedad (PyV) o Clásicos del pensamiento (CSIC). Esta experiencia se pone al servicio de CTK-E Books, la Biblioteca Digital de Estudios Kantianos, que también pretende mostrar con los hechos cómo cabe hacer las cosas de otra manera rehuyendo imperativos netamente comerciales como los recién señalados y que cultivará la fórmula de coedición con cualesquiera editoriales e instituciones dispuestas a colaborar en ese proyecto, como sería el caso del volumen ya mencionado sobre la Filosofía práctica de Kant y en donde junto a una contribución mía hay colaboraciones de Ileana Beade, María Julia Bertomeu, Adela Cortina, Luis Eduardo Hoyos, Efraín Lazos, Lisímaco Parra, Faviola Rivera y Nuria Sánchez Madrid,

IB6 ¿Qué experiencias relevantes le ha aportado su actividad como editor de publicaciones científicas?

RRA6: Como ya he apuntado me resultó muy enriquecedor colaborar desde un principio con Javier Muguerza en la revista Isegoría. Gestionarla me permitía estar al día de lo que la comunidad hispanoamericana producía sobre filosofía moral y política. Quizá eso propició que fuese designado como presidente de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política desde 2001 a 2014, una sociedad que ahora preside Concha Roldán,


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Directora del Instituto de Filosofía del CSIC. Y esa experiencia me llevó a fundar CTK con Nuria Sánchez Madrid como Secretaria ejecutiva y otros editores asociados como María Julia Bertomeu, Catalina González, Efraín Lazos y Eduardo Molina. Esta iniciativa ha generado también los encuentros internacionales CTK que ya cuentan en su haber con dos primeras ediciones (Bogotá, mayo de 2016) y Madrid (mayo, 2017), habiendo quedado citados en Chile para 2018. En el encuentro madrileño, cuyo elocuente título era Parerga kantiana, tuve la enorme satisfacción de reunirme una vez más con colegas tan estimados como Rodolfo Arango, Catalina González, Alba Jímenez, Efraín Lazos, Luis Eduardo Molina, Pablo Muchnik, Lisímaco Parra, Luis Placencia, Pablo Oyarzun, Concha Roldán, Nuria Sánchez Madrid o José Luis Villacañas.

Junto a la gestión de revistas y la dirección de diversas colecciones, también fui acreditando distintos volúmenes colectivos, fruto de seminarios, proyectos de investigación o cursos tenidos a lo largo de los años. Así por ejemplo, seminarios dedicados específicamente a Kant y con ocasión de sendos bicentenarios generaron volúmenes tales como Kant después de Kant (1989), En la cumbre del criticismo (1992), La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración (1996) o Ética y antropología: Un dilema kantiano (1999). De otro lado, El individuo y la historia. Antinomias de la herencia moderna (1995) y El reparto de la acción. Ensayos en torno a la responsabilidad (1999) se deben a proyectos de investigación, mientras que diferentes cursos de la UIMP, actividades celebradas en el donostiarra Palacio de Miramar y otras cosas por el estilo propiciaron La herencia de Maquiavelo: Modernidad y voluntad de poder (1999), Valores e historia en la Europa del Siglo XXI (2006), Los laberintos de la responsabilidad (2007), Inter-Dependencia: Del bienestar a la dignidad (2008) o Tocqueville y las revoluciones democráticas (2011).

IB7 ¿A qué atribuye su interés particular por los autores modernos?


RRA7: Imagino que también se debe al azar en buena medida. Desde luego fue Antonio Pérez Quintana el responsable de mi acercamiento a Kant y eso me hizo después interesarme por la Ilustración, cuyo programa me parece digno de ser estudiado, puesto que aún está pendiente de ser puesto en práctica. Autores como Rousseau y Diderot son interlocutores muy validos para encarar ciertos problemas morales y políticos de nuestra sociedad contemporánea. Por eso me parece muy importante traducirlos y poner sus ideas a disposición de un público amplio, tal como he intentado hacer con mis libros de 2015 titulados Rousseau: Y la política hizo al hombre (tal como es) y Voltaire: La ironía contra el fanatismo, que se han distribuido en quioscos de prensa en diferentes países latinoamericanos y europeos, habiéndose traducido por lo demás al flamenco, portugués e italiano.

Nuestra obligación en tanto que humanistas es hacer accesibles las ideas del patrimonio filosófico a un amplio universo de lectores, trasmitiendo sus planteamientos e inquietudes, su actitud ante unos problemas que siguen siendo los nuestros, para pensar luego por cuenta propia, en la estela del artífice principal de la Enciclopedia y el autor de


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¿Qué es la Ilustración? En este orden de cosas, la posible influencia de Diderot en la filosofía política del último Kant me interesa sobremanera, máxime al verse cordialmente ignorada por los estudiosos de uno y otro autor. Tengo para mí que tal como Rousseau imprimió un giró ético al pensamiento kantiano, los razonamientos que Diderot puso en circulación anónimamente con sus contribuciones a la Historia de las dos Indias del abate de Reynal calaron en el último Kant y que cabe rastrear esa influencia en sus escritos de los años noventa.

Optar por una u otra interpretación de un autor como Kant puede tener grandes consecuencias e incluso reflejar un determinado clima social y político. Pensemos por ejemplo en el debate sobre Kant que mantuvieron Cassirer y Heidegger en 1929, conocido en los círculos filosóficos como conferencias de Davos, aunque ahora se relacione a esta localidad suiza con el foro por antonomasia de la gran economía mundial. Dos estudiosos del kantismo, formados ambos en la escuela de Marburgo, confrontaron sus antagónicas cosmovisiones a través de sus respectivas lecturas del kantismo, tal como Thomas Mann había enfrentado en La montaña mágica las visiones adjudicadas a un humanista liberal e ilustrado y a un jesuita devoto de las tradiciones, tal como se apunta en mi Cassirer y su Neo-Ilustración (2009). La riqueza de los planteamientos kantianos continúa dando lugar a estas dicotomías y, mientras que algunos apostamos por ver en su obra un hito irreversible del proceso de secularización o un defensor de los valores encarnados por la Revolución francesa, hay otros que utilizan sus textos para buscar pilares filosóficos a un catolicismo reaccionario e integrista. Por eso me gusta recordar que, según señala Kant en El conflicto de las Facultades, la filosofía debe ocupar el ala izquierda del parlamento universitario, al ejercer esa crítica que Kant encomendó al tribunal de la razón y al propio quehacer filosófico, cuyo principal cometido es auspiciar que uno sea capaz de pensar por cuenta propia sin encomendarse a ninguna tutela heterónoma.

IB8: ¿Por qué dedicarse al estudio de Kant en particular? ¿Qué aspectos le han resultado particularmente atractivo del pensamiento filosófico kantiano? ¿Coincide con aquellos que sostienen la vigencia de las ideas filosóficas kantianas para el tratamiento de problemáticas filosóficas (y no filosóficas) actuales?

RR8: Ya he responsabilizado de tal elección a quien orientó mi tesis doctoral, pero lo cierto es que desde siempre me resultó muy sugerente la lectura de los textos kantianos. No recuerdo cuántas veces pude releer la Fundamentación y la segunda Crítica para familiarizarme con sus planteamientos éticos mientras preparaba mi tesis de licenciatura. Y al día de hoy sigo encontrando perspectivas nuevas cada vez que lo releo, como me ha sucedido al realizar una segunda versión de la tercera Crítica o al volver a sus textos pertrechado con otras lecturas. Cuando cursé mis estudios en la Universidad Complutense se solía frecuentar bastante más al Kant de la primera Crítica y se descuidaba un poco al que a mí me interesaba, el de la indiscutible primacía de lo práctico. Enseguida simpaticé con las lecturas de Lucien Goldmann y Yirmiahu Yovel, proclives a subrayar el papel jugado por Kant dentro del proceso de secularización alumbrado por la Ilustración. Al día

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de hoy creo que los principales interlocutores de Kant son Epicuro, Rousseau, Diderot y Spinoza. Este último sería por añadidura su auténtico héroe moral por observar un comportamiento virtuoso al margen de cualquier expectativa interesada, tal como propuso paralelamente Diderot, para quien al fin y a la postre únicamente los ateos podrían ser genuinamente virtuosos. Respeto desde luego que puedan hacerse otras interpretaciones de Kant, aunque no sepa compartirlas y afortunadamente ahí están unos textos que sólo pueden ser comprendidos teniendo en cuenta su contexto, pese a que su vigencia sea imperecedera, como demuestra el hecho de que las discusiones contemporáneas respecto a los más diversos temas continúen considerándolo un interlocutor ineludible. Como dijo Ortega, Kant se las ingenió para compendiar lo que habían decantado diversas tradiciones filosóficas a partir del Renacimiento, convirtiéndose así en un hito imprescindible para los itinerarios trazados en la modernidad y que llegan a nuestros días.

IB9: ¿Contribuyeron los viajes –y en particular, sus estancias en Alemania – al análisis e interpretación de las fuentes kantianas?

RRA9: La respuesta sólo puede ser positiva. El estudio introductorio de Teoría y práctica se fraguó paseando por la Selva Negra durante una grata estancia en Friburgo que data del verano de 1985 y la Idea de una historia universal fue traducida en aquel singular Berlín que aún conservaba su tristemente célebre muro. Obviamente mis estancias en Marburgo y en el Berlín posterior a la caída del Muro fueron vitales para preparar o culminar mis distintas ediciones, gracias a lo acogedoras que me resultan ambas ciudades, así como por el fácil acceso que se tiene a los fondos bibliográficos de sus excelentes y numerosas bibliotecas. Mis rousseaunianos paseos por los hayedos de Marburgo o las orillas de los boscosos lagos berlineses me sirven para meditar sobre las publicaciones que tengo entre manos en uno u otro momento. Al igual que a Rousseau, siempre se me han ocurrido más cosas paseando y disfrutando de un bello paraje que amarrado a mi mesa de trabajo, aunque ahí disponía de mi pipa, compañera inseparable de mis traducciones hasta cumplir los cincuenta y en contadas ocasiones al día de hoy para rematar algún texto que se me resiste, porque un amigo médico me hizo ver que la nicotina intensifica las conexiones neuronales y temo que así sea.

IB10: ¿Se ha modificado su interpretación de la filosofía kantiana con el transcurso de los años? ¿O bien las impresiones iniciales se han mantenido?

RRA10: Más bien diría que se fueron refinando y documentando las impresiones iniciales. El abordaje que hace Kant de las cuestiones morales y políticas me resultó siempre muy sugestivo, independientemente de que por supuesto no se le pueda tomar al pie de la letra y sólo sirva -lo que no es poco- para pensar a partir de sus muy sugestivas problematizaciones lo que ahora pueda preocuparnos. Kant tuvo que suprimir el saber para dejar sitio a la fe, porque quiso emprender una batalla sin cuartel contra los dogmatismos para someterlo todo al cedazo de la crítica y por desgracia sigue siendo muy necesario librar esa contienda todos los días. También quiso prevenirnos de los peligros inherentes a


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toda servidumbre voluntaria y abogó por emanciparnos de cualquier tutela por muy cómodo que resulte tenerla, siendo esto algo que conviene recordar cuando las nuevas tecnologías nos tutelan más cada día y exigen para ello una cooperación imprescindible por nuestra parte, toda vez que confesamos nuestros gustos y actitudes al navegar por internet haciendo consultas o compras. La fórmula de no instrumentalizar a nuestros congéneres conserva toda su vigencia y su modo de responder a sus tres célebres preguntas continúan inspirando innumerables debates en torno a los más diversos temas relacionados con ellas.

IB11: ¿Considera que la comunidad kantiana hispanoparlante ha tenido un mayor desarrollo durante las últimas décadas? ¿Podría decirse que dicha comunidad se halla en condiciones de aportar una mirada original sobre el pensamiento de Kant y de otros clásicos de la Modernidad, o bien carece de sentido referirse a una mirada específicamente hispanoamericana?

RRA11: Estoy convencido de que dicha comunidad puede homologarse sin problemas con cualquier otra y, por otra parte, cuenta con una ventaja que al mismo tiempo supone un grave inconveniente. Mientras que, sir ir más lejos, las comunidades anglosajona y francesa tienden a cerrarse sobre sí mismas en un juego autorreferencial permanente, los usuarios del español suelen estar muy atentos a lo que se publica en otros idiomas y ese tipo de apertura representa un factor muy positivo. Sin embargo, nuestra comunidad lingüística ha solido pecar del defecto contrario. En sus bibliografías raramente aparecen las publicaciones de los colegas hispanoparlantes y se ven trufadas por publicaciones en cualesquiera otras lenguas. Un conato cainita reposa bajo esa tendencia, que tanto preocupó a filósofos como Javier Muguerza y Fernando Salmerón, impulsores de los encuentros iberoamericanos o de la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía. Me gustaría estar equivocado, pero temo que los afanes de protagonismo y las banderías ocasionales puedan escorar la fecunda colaboración entre los estudiosos de Kant en lengua española. Espero que se trate de una percepción errónea y que no quepa generalizarla, pero con esa impresión me he topado por desgracia más de una vez y con esto podría suceder como pasa con las meigas gallegas, que a lo peor, aunque no se crea en ellas, “haberlas, haylas”.

IB12: Atendiendo a su interés por el arte cinematográfico, ¿en qué sentido específico se aproximan el cine y la filosofía? ¿Contribuye la formación filosófica para la formación del gusto estético?

RRA12: En mi caso particular el cine ha prefigurado mis acercamientos a las cuestiones filosóficas. Tengo para mi que las películas memorables resultan tan formativas como los libros y que nuestro imaginario colectivo está poblado de secuencias cinematográficas con las cuales configuramos nuestras opciones morales. Estoy muy contento de haber ideado un ciclo titulado Ideas de cine y cine con ideas, que tenía lugar justo antes de comenzar el Zinemaldia donostiarra y cuyos vídeos están accesibles en la web del Museo de San Telmo. Una cuestión muy distinta es que haya mucho cine aburrido


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y prescindible de baja calidad. Pero hay otro que contribuye a forjar nuestros arquetipos jungianos. Títulos como El planeta de los simios -me refiero por supuesto a la primera entrega-, 2001, una odisea en el espacio del fabuloso Stanley Kubrick, Blade runner, Sonrisas y lágrimas o Tous les matins du monde, siguen dando mucho que pensar o sentir al visionarlas en diferentes momentos del periplo vital y demuestran que la reflexión o la educación sentimental para nada está reñida con pasárselo bien.

IB13: ¿Considera que el estudio de la historia de la filosofía nos torna más aptos para la reflexión filosófica?

RRA13: Creo que resulta muy útil para no descubrir nuevos Mediterráneos a cada paso y que se trata de algo extraordinariamente formativo, no sólo para quienes cultivan profesionalmente la filosofía, sino para cualquier persona que quiera enriquecer con fundamento su formación cultural. Leer a los clásicos del pensamiento supone adelantar mucho camino y ese bagaje sólo puede abrirnos nuevos horizontes. Al igual que nunca se cansa uno de volver a escuchar piezas de Bach, Beethoven o Mozart, releer a Diderot, Rousseau o Kant siempre trae cuenta.

IB14: ¿Que experiencias no académicas destacaría como un resultado valioso de su recorrido académico?

RRA14: Caramba. Pues quizá el haberme dado la ocasión para conocer algunas personas que seguramente no hubiese tratado de otra forma y que me han acompañado luego durante largos años de una u otra forma. En cualquier caso, si decidiéramos invertir el orden causal de la pregunta, podría referirme a lo que me sirvió para fecundar mi recorrido académico y aquí, aparte de a los maravillosos amigos que me han acompañado en uno u otro tramo del camino, abriría un apartado para los viajes. De joven descubrí Europa gracias a uno billete de tren que resultaba muy accesible llamado inter-rail. La ruta de mi primer viaje tuvo como hilo conductor los lugares donde Wittgenstein había estado en algún momento de su vida: la localidad noruega de Skjiolden en el Sognefjord, Viena, Trattenbach o Cambridge. Ver la capilla Sixtina o visitar los museos de Florencia recreándome con el Perseo de Cellini, contemplar un atardecer en la costa de Amalfi con Capri al fondo, explorar los aledaños de Interlaken o admirar el Circo de Gavarnie, son experiencias que no se pueden obtener leyendo libros y que nos dan otra forma de ver las cosas. Ya me referí antes a mi afición por pasear disfrutando de la naturaleza como hizo Rousseau. A esos paseos y paisajes (también humanos por supuesto) debo las pocas ideas que haya podido transcribir en mis publicaciones.

IB15: ¿A qué otra profesión u oficio quisiera haberse dedicado si no hubiese optado por la filosofía?

RRA15 : Pues muchas veces he pensado que me hubiera gustado dedicarme a la fotografía, que junto al ajedrez y los viajes fue una de mis grandes pasiones juveniles. Captar paisajes e inmortalizar gestos y actitudes me resulta muy sugerente. Lo malo es que


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también aquí he cedido a la comodidad, por lo que, tras arrinconar mis viejas cámaras réflex no digitales para servirme de las compactas con sus versátiles objetivos, estas últimas han quedado arrinconadas a su vez por el móvil, cuyas prestaciones no permiten hacer algo que merezca cabalmente ser llamado fotografía, sobre todo si a uno le gusta prescindir siempre del flash para plasmar la luz ambiental. Ciñéndome a mis aficiones, imagino que también me hubiera encantado tener aptitudes para ser cineasta, lo que afortunadamente no ha sido el caso, porque también me gusta mucho el buen vino y esa inclinación dista mucho de convertirle a uno en vinicultor.

Acaso por no tener una docencia obligatoria, he solido echar de menos que mi actividad no tuviera una incidencia más inmediata. Sé muy bien que mi quehacer puede llegar a tener algún impacto a medio y largo plazo, pero no hubiera desdeñado desempeñar encomiendas donde los resultados fueran tangibles de manera más directa. Las tareas de gestión podrían haberme tentado en mi juventud, si se hubiera presentado alguna oportunidad para ello. Pero ya no es el caso, al haber alcanzado lo que ahora se ha dado en llamar madurescencia y contar en décadas el tiempo transcurrido, mientras que sólo cabe vislumbrar algunos años por delante. Tampoco cambiaría nada de lo que hice. De todo se aprende y las malas experiencias nos ayudan a valorar mejor lo que realmente nos importa. Sin tristezas no podría haber alegrías. Lo que cuenta es poder compartir unas y otras con quienes uno elige hacerlo.



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