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CON-TEXTOS KANTIANOS.

International Journal of Philosophy N.o 5, Junio 2017, pp. 236-260

ISSN: 2386-7655

Doi: 10.5281/zenodo.805938


Ideales platónicos y ensoñaciones rousseaunianas en el pensamiento político de Kant

1


Platonic Ideals and Rousseaunian Dreams in Kant’s Political Thought

ROBERTO R. ARAMAYO

Instituto de Filosofía del CSIC, España

“La desigualdad que hay entre un señor y su criado surge desde la violencia” (Kant: Logica Philippi, Ak. XXIV 323).


“El principal empeño de Rousseau es que la educación sea libre y procure seres humanos libres” (Kant: Acotaciones a las “Observaciones” Ak. XX 167).


Resumen


En este trabajo se rastrean las improntas dejadas en el pensamiento político kantiano por ciertas consideraciones de Platón y de Rousseau, que aquí hemos dado en identificar como ideales y ensoñaciones, con la convicción de que los ideales republicanos del primero influyeron en el segundo y habrían llegado por ese conductor a la reflexión práctica de Kant. La revolución interior que, según Kant, cada uno de nosotros verifica alrededor de los cuarenta años, habría tenido como un factor determinante en su propio caso la lectura de Rousseau, que Kant realiza justamente cuando muere uno de sus amigos más cercanos y queda impactado por esa pérdida. En este contexto cobra cuerpo una relativamente desatendida preocupación kantiana por la desigualdad y la injusticia social, que han estudiado por ejemplo entre nosotros María Julia Bertomeu y Nuria Sánchez Madrid.


1 Este trabajo se adscribe a los Proyectos de Investigación Philosophy of History and Globalisation of Knowledge. Cultural Bridges Between Europe and Latin America: WORLDBRIDGES (F7-PEOPLE-2013-IRSES: PIRSES-GA- 2013-612644) y Prismas filosófico-morales de las crisis: Hacia una nueva pedagogía sociopolítica (FFI2013-42395-P). También se inscribe en el proyecto sobre Kant, sus clásicos y el clasicismo promovido por CTK E-Books (www.contextoskantianos.net), y que tuvo lugar en la Universidad de Los Andes (Bogotá, Colombia) a finales de mayo de 2015, organizado por Rodolfo Arango y Catalina González, con la participación de Roberto R. Aramayo, Luis Eduardo Molina, Efraín Lazos, Lisímaco Parra, Pablo Oyarzun y Luis Placencia.



A decir verdad, Kant muestra una gran sensibilidad a las desigualdades sociales y, acaso por su propia trayectoria personal, es un ardoroso defensor del mérito. Al igual que Rousseau, Kant cree que ningún privilegio adquirido debiera lastrar o favorecer que uno alcance una u otra posición social mediante su talento y sus esfuerzos. Así por ejemplo, si Rousseau manifiesta que la herencia no supone en absoluto una ley fundamental y depende tan sólo de la autoridad pública, porque el derecho de propiedad no se extiende más allá de la propia vida y al morir deja de pertenecernos cualquier bien85, Kant no admite que los privilegios puedan ser hereditarios, porque el nacimiento no puede entrañar ninguna desigualdad jurídica ni sometimiento alguno a leyes coactivas. En Teoría y práctica lo enuncia con total claridad: “No puede haber ningún privilegio innato de un miembro de la comunidad y nadie puede legar a sus descendientes el privilegio de la posición que tiene


81 OC III 271.

82 OC III 273.

83 OC III 366. En sus adiciones a la Historia de las dos Indias Diderot aplicará el esquema de adquirir una propiedad necesaria para subsistir a través del trabajo a sus tesis anticolonialistas: “¿Acaso la naturaleza de la propiedad no es idéntica en todas partes, fundada en la toma de posesión a través del trabajo, y en un largo y apacible disfrute? Europeos, ¿podríais decirme a qué distancia de vuestra residencia se invalida este sagrado título? ¿A veinte pasos? ¿A diez leguas? Decís que no. Pues bien, entonces a diez mil leguas tampoco” (OC III, 697).

84 Para este punto recomiendo quedar atentos a la publicación del trabajo inédito “Pobreza y propiedad. ¿Cara y cruz de la misma moneda? Una lectura desde el republicanismo kantiano”, presentado como ponencia por María Julia Bertomeu el 1 de marzo de 2016 en Madrid, en el Instituto de Filosofía del CSIC. Este trabajo me hizo releer los pasajes que Kant dedica a esta problemática en las Lecciones de ética, La Metafísica de las costumbres y Teoría y práctica. También resultan interesantes algunas contribuciones de Nuria Sánchez Madrid (cf. v.g. el volumen colectivo titulado Kant and social policies, Palgrave, 2016).

85 Cf. OC III 1402. “Por su naturaleza, el derecho de propiedad no se extiende más allá de la vida del propietario, de modo que, desde que muere, su bien deja de pertenecerle, por lo que prescribir las condiciones bajo las cuales podrá disponer de él, supone en el fondo alterar en apariencia su derecho y no tanto ampliarlo en efecto” (OC III 263).


dentro de la comunidad”, de suerte que cualquiera pueda alcanzar “por sus propios méritos los niveles superiores de la jerarquía social”86. Casi a regañadientes admite que se pueda transmitir por herencia las propiedades adquiridas, sin dejar de advertir que con ello se genera una considerable desigualdad de situación económica entre los miembros de la comunidad, mas nada puede impedir que cualquiera esté facultado para elevar su posición “si su talento, su aplicación y su suerte” lo hacen posible.

En lo tocante al derecho nadie puede tener una ventaja de partida y el ascenso social únicamente debe depender de uno mismo, de nuestra capacidad o de nuestra sincera voluntad, sin que pueda interponerse la voluntad de otro y sólo quepa sortear circunstancias adversas de las que no pueda culparse a nadie87. De hecho, Kant dice que los artesanos y los grandes propietarios son iguales entre sí a la hora de votar, porque atentaría contra el principio de igualdad que una ley les distinguiera con las prerrogativas de una determinada posesión y ello, añade Kant de pasada y entre paréntesis, “sin entrar en la cuestión de cómo pudo ocurrir legalmente que alguien se haya apropiado de más tierra de la que puede explotar con sus propias manos y cómo ocurrió que muchos hombres, que de otro modo hubieran podido adquirir todos ellos unas posesiones estables, se ven con eso reducidos al mero servicio de los anteriores” 88. Puede que no desarrolle el tema, pero apuntado queda su parecer al respecto, una opinión que recuerda mucho al planteamiento rousseauniano de tener en cuenta la distinción entre lo necesario para la subsistencia y lo superfluo, siendo esto algo que suele menoscabar el acceso generalizado a lo imprescindible. Kant observa que ningún propietario puede transmitir el suelo a las siguientes generaciones hasta el infinito para su exclusivo disfrute y que el Estado puede abolir esa transmisión en cualquier momento con la única condición de indemnizar a los supervivientes89.

En sus Lecciones de Ética Kant explicaba a sus alumnos que todos tenemos derecho a disfrutar de los recursos vitales que hay en el mundo sin sustraer nada de la



86 UdG Ak. VIII 293. Podría decirse que el único testamento valido para Kant es el de la buena –o mala- fama y ese buen nombre sería la única propiedad que nos sobrevive tras la muerte del buen (MdS Ak. VI 295), de modo que el plagio de un difunto le sustrae una parte de su honra y significa tanto como un secuestro de su buen nombre (296n.).

87 UdG Ak. VIII294.

88 UdG Ak. VIII 296.

89 MdS Ak. VI 324.

cuota que le corresponde a los demás. Si nadie violara jamás el derecho de los otros, “no habría miseria alguna en el mundo, salvo aquella que no tiene su origen en el daño perpetrado por otro, cual es el caso de las enfermedades y de las catástrofes, aunque la miseria humana suele ser consecuencia no tanto del infortunio como de la injusticia del hombre”90. Cuando se auxilia a un indigente sólo se reparara parcialmente una injusticia, porque si no se acumularan más recursos vitales de los estrictamente necesarios, “no existiría ningún rico, mas tampoco pobre alguno” 91. Al ayudar a quien se halla en la indigencia por haberle despojado previamente de sus pertenencias, no se realiza un acto de generosidad, sino “la bien poco meritoria compensación de lo que se le había sustraído de antemano”92. Se cree satisfacer un deber humanitario cuando, tras procurarse primero toda clase de riquezas, se paga un pequeño tributo dando voluntariamente algo a los pobres, pero “si los hombres fuesen justos a su debido tiempo, no existirían los pobres y no tendríamos que darles limosna ni tampoco atribuirnos el mérito de la benevolencia”93. Kant reitera estos argumentos en su Metafísica de las costumbres del siguiente modo: “La capacidad de hacer el bien que depende de las riquezas es, en su mayor parte, el resultado de que algunos se vean favorecidos por la injusticia del gobierno, lo cual introduce una desigualdad de riquezas que hace necesaria la beneficencia de otros. En tales circunstancias, ¿acaso es algo meritorio la ayuda que el rico pueda prestar a los necesitados?”94.

Más que reparar con un paternalismo presuntamente caritativo la injusticia social de una desigualdad extrema que genera miseria para una parte de la población, Kant entiende que el Estado debe prevenirla mediante los oportunos gravámenes a quienes han acumulado más de la cuenta, resultando lícito que, sobre todo en periodos de aguda crisis social, el gobierno obligue a los más acaudalados a procurar los medios de subsistencia a quienes carecen de los recursos más básicos para proteger a la comunidad en su conjunto. El Estado tiene en esos momentos el derecho de obligar a los poderosos a contribuir con lo suyo al sustento de sus conciudadanos menos favorecidos, sin que esa medida desemboque en una redistribución más equitativa de las riquezas. Se trata en el fondo de una



90 AK. XXVII.1, 415.

91 Ak. XXVII.1, 416.

92 Ak. XXVII.1, 432.

93 Ak. XXVII.1, 455.

94 MdS Ak. VI 454.


organización estatal del deber de mantener con vida a parte del cuerpo civil. “Eso puede realizarse gravando el patrimonio de los ciudadanos para satisfacer las necesidades del pueblo por medio de contribuciones obligatorias como cargas públicas”95. Además de para lo que hoy daríamos en llamar prestaciones sociales o cobertura sanitaria y educativa, los impuestos no deben destinarse por ejemplo al mantenimiento de la iglesia, cuyo sostenimiento no puede correr a cargo del Estado, teniendo que encargarse de ello la parte del pueblo que se declara partidaria de una u otra fe96. Pero los impuestos sí deben servir en cambio para la formación y el mantenimiento vitalicio de los funcionarios97. El pueblo, que debe correr con los gastos generados por la preparación de un funcionario, quiere sin duda que éste se encuentre a la altura del trabajo que se le ha encomendado, “pero esto sólo puede suceder si se prepara y aprende durante un tiempo suficiente, durante el cual pierde el que hubiera podido emplear para aprender cualquier otro trabajo que le sustente, siendo preciso que todos puedan ascender del cargo inferior a los superiores (que si no caerían en manos de ineptos) y que, por lo tanto, todos puedan contar con un porvenir asegurado de modo vitalicio”98. Leyendo estas líneas resulta inevitable recordar que Kant llegó a ser catedrático y rector de la Universidad de Könisberg tras una laboriosa carrera académica iniciada como Privatdozent. A su juicio, ningún rango puede ser hereditario, porque “la naturaleza no dispone las cosas de tal modo que también se hereden el talento y la voluntad que posibilitan prestar servicios al Estado”99. Por otra parte, la aún noción optimista del mercado, dinamizador del oxímoron consistente en la “insociable sociabilidad”, conduce a Kant a no esperar nada especialmente negativo de la correlación de fuerzas sociales que activa.

Según Kant, los tres principios que deben regular el establecimiento de un Estado con respecto al derecho son la libertad, la igualdad la independencia 100 . Cualquier ciudadano debe ser libre para buscar su propia felicidad del modo que mejor le parezca siempre que no perjudique los derechos ajenos y pueda coexistir con la libertad de los demás, sin estar sometido a un gobierno que pretenda ser paternalista velando por su


95 MdS Ak. VI 326.

96 MdS Ak. VI 327-328.

97 Forma parte de la visión particular que Kant posee de un aún no enteramente formado Estado de derecho el elogio de las instalaciones educativas privadas, con frecuencia mejor organizadas que las de rango público

98 MdS, Ak. VI 328.

99 MdS, Ak. VI 329.

100 Cf. UdG Ak. VIII 290ss. y MdS 314. De nuevo la Egaliberté.

felicidad, porque no cabe imaginar peor despotismo. A cada miembro de la comunidad le ha de ser lícito alcanzar dentro de ella una posición de cualquier nivel hasta el que pueda llevarle su talento, su aplicación y su suerte, resultando ilícito que otros conciudadanos le cierren el paso merced a una prerrogativa hereditaria. En suma, los miembros de un Estado en cuanto ciudadanos han de tener la libertad legal de no obedecer a ninguna otra ley más que aquella a la que ha dado su consentimiento. Por otro lado, la igualdad civil significa simplemente que nadie puede ser más que nadie en materia de derechos. Esa libertad e igualdad precisan de la independencia, es decir, de ser autosuficiente y no depender de una voluntad ajena, no teniendo que agradecer la propia existencia y conservación al arbitrio de otro, sino a los propios derechos y facultades en cuanto miembro de la comunidad.

Este planteamiento parece corroborar que Kant fue un atento lector de Rousseau y tuvo muy en cuenta la sensibilidad mostrada por éste hacia las desigualdades sociales suscitadas por un gobierno injusto. En esa república idónea lo principal es que nadie debe ser tratado por los otros, ni siquiera por sí mismo, como un mero medio, porque “un hombre puede ser su propio señor (sui juris) mas no propietario de sí mismo (sui dominus), es decir, no puede disponer de sí mismo a su antojo ni mucho menos de otros seres humanos”101. Como señala María Julia Bertomeu, “lo propio de esta tradición republicana, que Kant compartió con los revolucionarios franceses, fue pensar que la condición natural de los hombres es la libertad y que la igualdad no es otra cosa que la reciprocidad de la libertad de todos”102. Y la libertad es entendida como “la independencia con respecto al arbitrio de otro, en la medida en que puede coexistir con la libertad de cualquier otro según leyes universales”103, lo que nos hace recordar ese arquetipo de máxima colibertad que representaba la república platónica, según el Kant de la primera Crítica y el Rousseau del Contrato social o el Discurso sobre la desigualdad.

En resumidas cuentas, vemos que las ideas platónicas no son en modo alguno correlatos de una sustancia, sino arquetipos modélicos para nuestra legislación moral y política, cuya virtualidad práctica se revela fundamental para Kant y juegan un papel estelar en su pensamiento práctico. Por su parte, las ensoñaciones morales y políticas de Rousseau imprimen un giro práctico a la filosofía de Kant, que determina el primado


101 MdS Ak. VI 270.

102 Cf. p.12 del manuscrito citado más arriba y que se publicará en la revista Isegoría.

103 MdS. Ak. VI 237.


kantiano del uso práctico de la razón. Si Rousseau dice que al cumplir los cuarenta años descubrió un nuevo universo moral, a esa misma edad la lectura de Rousseau le hace descubrir a Kant la primacía del mundo moral. En Sobre las enfermedades de la cabeza, Kant distingue a los fanáticos y visionarios de los genuinos entusiastas, definiendo al entusiasmo como aquella ensoñación preñada de buenos sentimientos morales, algo sin lo cual “jamás se ha conseguido nada grande en el mundo”104. El ejemplo que pone para ilustrar la figura del entusiasta no es otro que Rousseau. Y el propio Kant experimentará ese entusiasmo ante la Revolución francesa105, en la que Kant una eventual encarnación de los ideales platónicos y un resultado de las ensoñaciones rousseaunianas. Platón, Rousseau y Kant hacen de la justicia el hilo conductor de sus reflexiones.

Coda: Emociones políticas e Ilustración


Quizá cupiera matizar que, si bien Platón articula su reflexión política en torno a la realidad eidética de la justicia, tanto Rousseau como Kant optan por afrontar más bien las injusticias. A decir verdad, los pensadores ilustrados supieron combinar el culto a la razón con su reconocimiento al papel jugado por lo que podríamos denominar sentimientos morales y emociones políticas. En sus cuentos morales Diderot entiende que la indignación frente a una situación injusta supone el mejor criterio para dirimir dilemas morales o políticos y por eso prioriza lo que dio en llamar código natural en su teoría de los tres códigos106. La compasión era fundamental para el Adam Smith que publicó una Teoría de los sentimientos morales. Rousseau no puede concebir la cohesión social sin presuponer una mínima empatía y asegura que sólo se puede pensar después de sentir107. Kant nos habla del sentimiento moral que supone el respeto infundido por la ley moral108 y ensalza el entusiasmo que embarga al espectador de la Revolución francesa, al ver cómo un pueblo gobernado por el despotismo transita hacia su imprescindible republicanización aún cuando lo haga en medio de terribles tribulaciones109, definiendo al entusiasmo como una



104 Cf. Ak. II 267.

105 Cf. v.g. Roberto R. Aramayo, “Immanuel Kant. La Revolución Francesa desde una perspectiva cosmopolita”, en VV.AA., Historia del análisis político, Tecnos, Madrid, 2011, pp. 427 y ss.

106 Cf. Roberto R. Aramayo, Epílogo a Diderot, El paseo del escéptico, Laetoli, Pamplona, 2016. De alguna

manera Voltaire también compartiría este culto a la indignación al menos en su lucha contra el fanatismo; cf. Roberto R. Aramayo, Voltaire. La ironía frente al fanatismo, Barcelona, 2016.

107 Cf. Roberto R. Aramayo, Rousseau. Y la política hizo al hombre (tal como es), Barcelona, 2016.

108 Cf. KpV Ak. V 80.

109 Cf. Refl. 8077, Ak. XIX 604; Roberto R. Aramayo, Immanuel Kant, Madrid, 2001, pp. 186-190.

simpatía conforme al deseo y una involucración afectiva en el bien. “El verdadero entusiasmo –escribe Kant en El conflicto de las Facultades- se ciñe siempre tan sólo a lo ideal y en verdad a lo puramente moral, cual es el caso del derecho y de la justicia”110. Estas consideraciones planeaban sobre el ambiente, de suerte que Madame de Staël en su libro sobre Alemania distinguirá entre el entusiasmo y el fanatismo. “Muchas personas advierte mándame de Stäel- se previenen contra el entusiasmo y lo confunden con el fanatismo, lo cual es un gran error; el entusiasmo nos lleva a sacrificar nuestro propio bienestar y es lo único que puede contrarrestar nuestra tendencia al egoísmo”111.

Indignación, compasión, empatía y entusiasmo representan unas disposiciones sentimentales altamente apreciadas como emociones políticas por pensadores ilustrados tan relevantes como Diderot, Smith, Rousseau o Kant. Y tales temples de ánimo permiten abrir nuevas líneas de lectura en el interior de la historia de la filosofía. La receptividad para tales movimientos emocionales del pensar permitió a Kant reconocer su deuda con un pensador como Platón, al que ni siquiera había leído con anterioridad. Tengo para mí que revisar sus consideraciones sobre tales emociones políticas podría resultar bastante muy útil para los tiempos en que nos ha tocado vivir. Pero todo esto, aun cuando esté relacionado con lo que hemos visto aquí, no deja de ser otra historia y debe quedar para otra ocasión.

BIBLIOGRAFIA:


FUENTES


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110 Cf. SdF Ak. VII 85-86.

111 Madame de Stäel, Alemania, Espasa-Calpe, Madrid, 1991, pp. 187 y 188.


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